28-11-2025 | Declaró Saúl Hanono, militante del Partido Comunista Revolucionario detenido en marzo de 1977 con su cuñado mientras repartían volantes. Fueron alojados en el D2 por más de dos semanas y su cautiverio continuó un año y medio. La próxima audiencia será una inspección ocular, el 12 de diciembre a las 9:00.
La audiencia 59 fue, una vez más, sin los imputados presentes en la sala de audiencias. El testigo de la jornada fue Saúl Eduardo Hanono, quien ya había declarado en 2014, en el histórico juicio a los jueces. En este caso, introdujo el fiscal Daniel Rodríguez Infante, querían formularle algunas preguntas pertinentes al proceso en curso, que investiga a la estructura e integrantes del D2.
“Me detuvieron en marzo del 77”, inició Hanono su testimonio. Estaba en Luján de Cuyo con su cuñado, Daniel Ponce, repartiendo volantes del Partido Comunista Revolucionario que reclamaba, entre otras cosas, por la libertad de las presas y los presos políticos. Los dos jóvenes iban en una moto cuando un policía los interceptó, los apuntó con un arma y los detuvo. Recuerda que los llevaron a una casa de la zona, hicieron una llamada telefónica y los metieron al baúl de un auto, pero no alcanzó a distinguir si era un vehículo oficial. Nunca volvió a ver la moto en la que iban.
No estaba vendado ni encapuchado, entonces cuando lo bajaron, se dio cuenta de que estaba en el patio de atrás del Departamento de Policía. Había vivido mucho tiempo en el barrio Bombal y reconocía perfectamente el edificio porque pasaba seguido. En el D2 estuvo quince días encerrado en una celda y su cuñado, en la de al lado. También había otro hombre detenido, pero no recordó nada de él. Eran ocho calabozos en total: “No eran celdas con barrotes sino de cemento, con una pequeña ventanita”, puntualizó el testigo.
Lo sacaron dos veces para interrogarlo, en un lugar al que lo llevaron vendado, recorriendo pasillos y bajando una escalera. “Ese sector donde me interrogaron es muy probable que esté en un sótano o algo así”, afirmó. En la sala había por lo menos cuatro personas que hablaban y se reían. El único hombre sentado dirigía el interrogatorio, que fue bastante largo. Hanono notó que tenían mucha información. Le preguntaban por su militancia en el PCR, por su detención en la dictadura anterior, por gente que conocía. Querían saber nombres, aseguró.
Los demás hombres de la sala estaban parados y le pegaban por la espalda, porque a Saúl lo obligaban a estar con las manos levantadas, las palmas apoyadas en la pared y las piernas abiertas. En un momento lo agarraron del pelo y le golpearon la cabeza contra la pared. El testigo recordó que su cuñado también fue interrogado. Más adelante, en la cárcel, supo que a sus compañeros los habían torturado más violentamente.

Durante aquellos interrogatorios, Saúl dijo que le habían pagado para repartir esos panfletos con los que los encontraron y un día lo llevaron a hacer un “retrato robot” de la persona que supuestamente les había pagado. En esa ocasión pudo ver, también, la parte pública del Departamento de Policía.
La familia supo dónde estaba porque su mamá, Matilde Duek, se contactó con mucha gente hasta que logró comunicarse con alguien. Le prometieron que no le iban a hacer daño y le permitieron mandarle algo que, cuando llegó a sus manos, él supo que su familia estaba al tanto de su paradero. Además, dijo que el hombre que estaba en la celda del D2 fue a ver a su madre y le preguntó por ellos, aunque no recordó su nombre, a pesar de que la fiscal, Analía Quintar, le consultó si podía ser Roberto Azcárate.
Tras esas dos semanas en el D2 lo llevaron a la Penitenciaría de Mendoza y, menos de una semana después, a la Unidad 9 de La Plata, desde donde recuperó la libertad un año y medio después, en agosto de 1978.
A Saúl Hanono le hicieron una causa penal por hacer propaganda de un partido proscripto: “No era un grupo armado, pero igual estaba proscripto”, indicó. No declaró ante ningún juez y lo condenaron a tres años de prisión en suspenso. Si bien resolvieron su libertad condicional casi inmediatamente, no lo liberaron. En su opinión, sucedía que, más allá de lo que decidiera la Justicia, la condena real estaba digitada por el Poder Ejecutivo, que lo mantuvo encerrado.
La próxima audiencia será una inspección ocular en el Hospital Militar, solicitada por la defensa oficial, a raíz de una declaración de Mario Santos en noviembre de 2024. Será el 12 de diciembre a las 9:00.



