AUDIENCIA 51 / EL DURO ABRIL DEL 77

10-11-14 | Los secuestros y desapariciones de Jorge Albino Pérez, Emiliano Pérez, Miguel Julio Pacheco, Luis López Muntaner, Elvira Benítez y Gloria Fonseca, ocurridos entre el 6 y el 8 de abril de 1977 dejaron al descubierto, una vez más, el alto grado de complicidad de las distintas instituciones y poderes estatales, al que se sumó parte de la iglesia, para dejar en total estado de indefensión a los secuestrados y secuestradas como sus familiares. Así quedó claro, tras los conmovedores testimonios de Nora Cristina Otín, María Victoria Benítez y Rosa Antonia Pérez.

Nora Cristina Otín
Nora Cristina Otín

Seguridad solidaria

Nora Cristina Otín se casó en diciembre de 1976 con Miguel Julio Pacheco, estudiante avanzado de arquitectura, desaparecido desde abril de 1977. Ella, oriunda de General Alvear y él de Benito Juárez, Córdoba, se conocieron en La Plata, como estudiantes y militantes de la Juventud Universitaria Peronista, agrupación desde la que Miguel pasó a Montoneros. Dado el alto grado de represión y persecución que había en la ciudad platense, decidieron venirse a Mendoza. También lo hicieron sus amigos y compañeros, Luis López Muntaner (cuyo hermano Francisco desapareció en la Noche los Lápices) y su esposa Marta Lastrucci.
Cuando se instalaron en esta Provincia la militancia, que antes era en las universidades y en los barrios, se limitaba a citas y reuniones. Al mes y medio de estar instalados en una casa de Las Heras dieron albergue a Elvira Benítez y su hija Victoria, de un año y medio. Ella llegó haciéndose llamar “Carmen” y no le preguntaron su verdadera filiación como tampoco lo hizo ella con sus anfitriones. “Por seguridad no se hacían preguntas a los compañeros. Tratábamos de no conocer los datos de nadie”, contó Nora.
El 7 de abril de 1977 la mujer, que estaba embarazada y en fecha de dar a luz, fue al médico. Cuando regresó a su casa vio un Fiat de color claro, quizás un 125, en la puerta. Intuyó que algo malo sucedía pero igual avanzó. Apenas pisó la puerta del pasillo, dos hombres la atraparon y la hicieron subir, de una patada, al vehículo. La llevaron al D2 para interrogarla por su esposo y por otros nombres y sobrenombres. La tuvieron cerca de 2 horas, vendada y atada, y luego, en el mismo auto, la llevaron así hasta la zona de El Challao. Antes de alejarse, uno de los verdugos le dijo: “A tu casa no vuelvas más, a tu marido no lo vas a ver más, andate a la casa de tu tía”.
Ese mismo día, Miguel Pacheco no se presentó a trabajar en Faingold por lo que es claro que lo secuestraron en el camino de su casa a la empresa. Otín regresó a General Alvear, a la casa de sus padres y hasta allí llegó Marta Lastrucci, también embarazada, con la noticia del secuestro de su esposo, Luis López Muntaner.
Curiosamente las dos mujeres dieron a luz el mismo día, el 13 de abril. Después de esto Lastrucci se fue a Italia y no volvió a contactarse con su amiga. Tanto de Pacheco como de López Muntaner no hubo más noticias aunque un suboficial mayor, García Vila, de Campo Los Andes, conocía al padre de Nora Otín y le dijo que “a estos muchachos los han matado a todos y los han enterrado en la montaña”.
Cartas a distintos organismos nacionales e internacionales, consultas en comisarías y cuarteles, notas a autoridades eclesiásticas, habeas corpus… fueron parte de las gestiones realizadas por Nora y su familia, como también la familia de Pacheco. El único que contestó fue Monseñor De Nevares.
La testigo no volvió nunca más a la casa que ocupó en Las Heras pero supo por sus tíos que de allí, el mismo día que secuestraron a su esposo, se llevaron a quien vivía con ellos, Elvira Benítez, cuya hija fue dejada con unos vecinos.

Con la frente en alto

María Victoria Benítez
María Victoria Benítez

María Victoria Benítez es la hija de Elvira Benítez. Tenía un año y medio cuando a su mamá la secuestraron del hogar que compartían en Las Heras con el matrimonio Pacheco-Otín. La niña fue dejada en casa de unos vecinos y a los pocos días vinieron desde San Juan sus abuelos maternos para llevársela y hacerse cargo de la crianza. Su padre, Carlos Pardini, estuvo detenido durante todos los años de la dictadura y cuando salió en libertad no vivió muchos años más como consecuencia de las graves secuelas que le dejaron las torturas.
Victoria describió a su mamá, que perteneció a Montoneros, como alegre, solidaria y estudiosa, y exhibió orgullosa al TOF el documento que la declara como “mejor compañera”. Fue docente de chicos especiales con discapacidades profundas. La joven testigo ponderó a sus abuelos, que le inculcaron no sentir vergüenza de su madre y llevar la frente siempre en alto en aquellos años en que los vecinos y los compañeros de escuela la evitaban por ser “hija de una subversiva”.
Numerosas e infructuosas diligencias hicieron ella y su familia ante autoridades militares y policiales, la Justicia y la Iglesia. De ésta última recibieron una respuesta del Cardenal Primatesta, quien en una carta al abuelo de Victoria le refirió que lo acompañaba en el dolor por “el penoso caso de su hijo”, en lugar de su hija.
Victoria terminó su testimonio con sentidas palabras: “Este es el país que yo quiero, en el que todos tengan las posibilidades que no tuvo mi vieja. Si ella hizo algo o era delincuente, la hubiesen juzgado. Pero no, ellos fueron los dueños de la vida y de la muerte”.

La persecución a los Pérez

Rosa Antonia Pérez
Rosa Antonia Pérez

La familia Pérez, de General Alvear, no sólo tiene desaparecidos a Emiliano y Jorge y a la esposa de este último, Gloria Fonseca, sino que arrastra una historia de hostigamiento durante todo el tiempo que duró la dictadura. De ello dio cuenta Rosa Antonia Pérez, tercera de cinco hermanos del matrimonio que formaron Albino Pérez y Mafalda Pereyra.
Rosa contó el episodio en el que el suboficial Armando Carelli, de la IV Brigada Aérea, “marcó” a Jorge Pérez, Gloria Fonseca y a Elvira Benítez en una fiesta de compromiso de unos vecinos del barrio Tamarindo de Las Heras, en la que coincidieron como invitados. Fue a finales de 1976.
En febrero del ’77 los Pérez dejaron General Alvear, luego de que Albino fuese despedido del hospital en el que se desempeñaba como enfermero. El hombre tenía militancia gremial y social, y era afín al peronismo de izquierda. Antes había sufrido una detención en la que lo llevaron desde su casa, a pesar de estar enfermo. Jorge, el mayor de los hermanos, ya se había ido antes del departamento sureño, junto a su pareja. Él pertenecía a Montoneros y era responsable de uno de los grupos de esa organización.
El 6 de abril de ese año hubo dos allanamientos conjuntos. Uno en casa de los Pérez y el otro, en el domicilio de un hermano de Albino, Emiliano Pérez, quien había dado refugio a su sobrino Jorge Pérez, con su pareja, Gloria Fonseca. Ella no estaba porque había viajado a Córdoba. Los dos procedimientos duraron muchas horas y en ambos hubo rapiña. En lo de los Pérez, Rosa pudo ver por la ventana cómo, quien era, aparentemente, jardinero del mencionado Carelli, observaba tranquilamente. Hoy sabemos que esta persona era Enrique Puebla. Además, Gustavo Pérez reconoció como uno de los integrantes del operativo al soldado Daniel Gafoglio. De la otra casa secuestraron a Emiliano y Jorge Pérez, ambos desaparecidos.
En cuanto a Gloria Fonseca, al regresar a Mendoza, el 8 de abril, la esperaban dos hombres en las Terminal y se la llevaron ante la presencia de una amiga, Gabriela Neira, quien había ido a recibirla. Gloria, desde entonces, está desaparecida.
Después, comenzó el peregrinaje de la familia y, a la vez, el encuentro con otros familiares de desaparecidos y detenidos. Ante la falta de abogados dispuestos a hacer algo –había muchos que estaban detenidos- aprendieron solos a hacer los habeas corpus. El Comando, las comisarías y la iglesia eran los lugares a los que acudían constantemente. Comenzaron a reunirse en la sede local, en calle Urquiza, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Allí, en 1980, bajo el pretexto de haber hallado una “caja con material subversivo” fueron detenidas la referente de esa organización, Marta Agüero e Isabel Güinchul, esposa de Emiliano Pérez. A Isabel la liberaron pronto pero a cambio detuvieron a Albino Pérez. Él y Marta Agüero recién quedaron libres a fines de diciembre de ese año tras un gran revuelo, sobre todo internacional, por las absurdas aprehensiones.
Muchos otros detalles dio Rosa Pérez en un rico testimonio que demandó casi tres horas –bien vale escuchar los audios- y cerró, en alusión a los imputados: “Lo que vivimos no se lo deseo a nadie. Nos desoyó la iglesia y nos maltrató la justicia. Nos les pido que digan dónde dejaron los cuerpos de los nuestros porque sé que han hecho un pacto de silencio. Sí deseo que en algún momento se arrepientan. La carga es de ellos”.

Este martes seguirá tratando la causa relacionada con los hechos de abril de 1977 y en primer término declarará Isabel Güinchul de Pérez.

 

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