AUDIENCIA 51 / MÁS SECUESTROS EN 1975

7-10-2025 | Desde Italia, por videoconferencia, declaró Aldo Rivaletto. El hombre fue detenido el 10 de octubre de 1975 y torturado en el Departamento de Informaciones de la Policía (D2). Relató las circunstancias de su secuestro y el itinerario de su cautiverio. La próxima audiencia será el martes 21 de octubre a las 9:00.

Aldo Rivaletto declaró por primera vez en un juicio de lesa humanidad. Fue detenido el 10 de octubre de 1975, a sus dieciocho años. El testigo vivía en Las Heras con su familia. Su hermano Jorge, dos años mayor, estaba haciendo el servicio militar en Uspallata.

El secuestro ocurrió un lunes en su lugar de trabajo, la cocina del restaurante del Club Pacífico, ubicado en calle Perú de Ciudad. Al mediodía se presentaron dos hombres vestidos de forma elegante, preguntaron por él y lo sacaron del establecimiento. A unos veinte metros había un auto estacionado, posiblemente un Dodge, con otro hombre al volante, vestido menos formal. Lo hicieron entrar de forma brusca y le colocaron una capucha que parecía una bolsa deportiva. La tuvo varios días puesta.

Por videoconferencia, declara Aldo Rivaletto

Aldo recordó que inicialmente lo llevaron a la Comisaría de Las Heras, por unas horas. Luego lo condujeron a un calabozo pequeño en el que estuvo cerca de cuatro días. Se trataba del D2 pero lo supo recién cuando llegó a la prisión y habló con otros detenidos. En el D2 se encontró brevemente con su hermano Jorge, traído de Uspallata para declarar. El conscripto no fue torturado “porque estaba bajo bandera y según las leyes no podían hacerle nada”, aclaró. Antes de ser regresado a Uspallata, Jorge le contó que habían allanado el domicilio familiar.

Días más tarde el testigo fue nuevamente trasladado a otro calabozo en un lugar que le pareció el campo: el trayecto en vehículo duró más de media hora, sentía el perfume de jarilla y se oían ladridos de un perro. Pasó solo una noche. Ya en prisión le explicaron que era la Comisaría de Maipú.

Al día siguiente lo regresaron al D2, siempre encapuchado. No tuvo el coraje de correrse la venda porque cuando quiso hacerlo lo golpearon. El calabozo era pequeño y con puerta metálica. Dos o tres veces fue retirado e interrogado, desnudo y sobre una camilla, con picana eléctrica. La tortura le pareció “una eternidad”. Mencionó que le mojaban el cuerpo antes de las descargas.

Aldo recordó que en los calabozos se oían voces y que al volver del interrogatorio le preguntaron qué le habían hecho, pero temía responder de más porque no sabía quiénes eran. En este lugar estuvo varios días, siempre encapuchado y atado de manos.

En determinado momento le quitaron la capucha y la faja de las manos y lo dejaron en un pasillo con otros detenidos, entre ellos acusados por causas “comunes” como estafa. Recuerda que parecía un edificio nuevo, con cemento armado. Pronto lo cargaron con otras personas en un camión o un auto y lo llevaron ante un tribunal. Allí corroboró ante el juez la declaración que le extrajeron bajo tortura: “Me arrepiento de haber sido cobarde”, expresó. En el D2 había admitido todo lo que le imputaban y antes de llevarlo ante el juez lo amenazaron con violentar a su madre si cambiaba el texto.

Analía Quintar y Daniel Rodríguez Infante del Ministerio Público Fiscal

Lo trasladaron luego a la cárcel de Mendoza, donde se reunió con más detenidos. Entre ellos su amigo Juan Carlos Astudillo. Este le relató que habían lanzado panfletos en una fábrica y los había detenido la Policía. Juan Carlos tenía una libreta con contactos y Rivaletto era uno de los nombres ahí consignados. Todas esas personas fueron “visitadas” por la policía.

En prisión, su familia le relató el allanamiento. La misma tarde de la detención de Aldo habían ingresado tres hombres de civil que revisaron toda la casa y encontraron dos revistas de propaganda que le había pasado Astudillo. Los familiares, ya más informados, le recomendaron que rectificara su declaración. En 1976 Rivaletto pidió una audiencia ante el juez y explicó que había declarado bajo tortura: “Nada de esto es verdad, no he cometido estas cosas”. Nunca fue notificado si había tenido efecto. El fiscal Daniel Rodríguez Infante leyó un fragmento del expediente que coincidía con esta rectificación. El juez era Rolando Evaristo Carrizo. Su defensor, José Ángel Ponce, era conocido entre los presos por “no defender a nadie”.

El testigo estuvo varios meses en Boulogne Sur Mer hasta ser trasladado a la Unidad Penitenciaria 9 (U9) de La Plata. Describió el viaje como “tortura”: al llegar se miraron las espaldas, todas marcadas por los bastonazos. En la cárcel de Mendoza, recordó, el trato era más humano, se podía hablar con los carceleros y hacer pedidos. En la U9 todo movimiento por el penal era siempre acompañado de golpes. También los obligaban a hacer flexiones bajo el agua helada, incluso en invierno.

El testigo negó haber tenido militancia política por fuera de un fugaz intento de sindicalización. Antes del restaurante había trabajado en una mueblería donde el trato era muy malo. Junto a los demás obreros habían decidido afiliarse a un sindicato y Aldo se había ofrecido como representante, pero fueron inmediatamente despedidos.

A pedido de la fiscal Analía Quintar, explicó que conoció a Pedro Torres a través de Juan Carlos Astudillo, en la calle o en alguna casa. Más adelante se lo reencontró en la penitenciaría.

La próxima audiencia será el martes 21 de octubre a las 9:00.

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El Colectivo Juicios Mendoza se conformó en 2010 por iniciativa de los Organismos de Derechos Humanos para la cobertura del primer juicio por delitos de lesa humanidad de la Ciudad de Mendoza. Desde ese momento, se dedicó ininterrumpidamente al seguimiento, registro y difusión de los sucesivos procesos judiciales por crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado.