26-10-15 | Durante dos horas y media monologó Luis Miret. Como su colega Otilio Romano, repitió hasta el cansancio sus argumentos y se refirió a causas en las que sí actuó, pero poco o nada dijo sobre los hechos en los que está involucrado. También reiteró, como Romano, que para él su enjuiciamiento se debe a móviles políticos y que deberían estar en su misma situación otros funcionarios judiciales de la época de la dictadura.
¿Sabía o no sabía?
Tras dedicar la primera hora de la segunda parte de su ampliación indagatoria a repasar lo que dijo en la primera, Miret continuó la lectura de un escrito que preparó para defenderse, en el que desarrolló 15 puntos, la mayoría de ellos dedicados a enumerar –como Romano- causas en las que dispuso absoluciones y sobreseimientos de acusados por supuestas infracciones a la ley 20840.
El exjuez reclamó que investiguen toda su actuación, sin limitarla a los casos en los que está acusado, y afirmó que lo mismo debió hacer el Consejo de la Magistratura que lo destituyó de su cargo. Cuestionó al exfiscal Omar Palermo, a quien acusó de que al instruir la causa contra él, no encontró un solo expediente en el que impulsara alguna acción investigaba y, sin embargo ahora, al recurrir al archivo por la ampliación de la acusación, hallaron casos en los que el exmagistrado intervino positivamente. Dijo al respecto que él procesó –en 1986- a militares y policías y que durante la dictadura, dictó fallos que favorecieron a detenidos por razones políticas, entre quienes mencionó a Ana María Aramburu y Ricardo Grimalt.
También intervino en los Habeas Corpus a favor de Walter Domínguez y Gladys Castro. Contó que en 1979 ordenó que se investigara sobre la niña que había dado a luz Gladys, elogió la lucha de María Assof de Domínguez (madre de Walter) y la remató con una conclusión que no se corresponde con la verdad. Primero, dijo que no se pudo investigar nada pero quedó constancia de su actuación y luego, relacionó su orden de investigación con la recuperación de la identidad de la nieta de María y Angelina Caterino, Claudia, ocurrida hace escasos dos meses. Lo cierto es que la ubicación de la Nieta 117 fue realizada por una investigación realizada por la CONADI, ente que se viene ocupando de apropiaciones en Dictadura y nada tiene que ver con su intervención en la causa.
Miret aseguró que, él y sus colegas, sí contrariaban a los militares y trataban de ponerles freno porque se murmuraba “que ocurrían cosas”, contradiciendo de este modo el argumento de que no sabían lo que pasaba.
En su recuento de causas que lo favorecen, el exhombre fuerte de la justicia, recordó que en una oportunidad sobreseyó a un grupo de estudiantes detenidos por portar bibliografía y panfletos comunistas ya que lo que les encontraron “era poco, insuficiente para difundir propaganda”.
Seguidamente, el destituido exmagistrado comenzó con sus cuestionamientos al proceso judicial que lo tiene como imputado. Habló de falta de certezas y dirigiéndose a su colega Romano, lanzó: “Aguántese la prisión preventiva, ya vendrá la absolución”.
La descalificación de los testigo-víctimas fue el siguiente capítulo. Miret pidió que se los divida entre los honestos y los militantes. De los primeros, dijo que fueron veraces y que le causaron sentimientos de solidaridad al punto de llegar a sentir asco por quienes les provocaron tanto sufrimiento. De los segundos –los militantes- señaló que son a los que les sobraron aplausos y son los que usan las remeras de “juicio y castigo” que suelen portar los representantes de H.I.J.O.S. Esta descalificación de “testigos militantes” no resiste un análisis serio. Al viejo estilo, buscó estigmatizar a aquellos que sufrieron atropellos y se han movilizado en busca de Justicia. Para Miret, su móvil es el dinero, lo hacen por las “indemnizaciones”, dijo.

En relación a los Habeas Corpus, aseguró que en su propio domicilio recibió los presentados por los abogados Guevara, Palero y Marengo, entre otros, y que piezas similares eran interpuestas, no sólo por víctimas del terrorismo de Estado, sino también por otras personas, como un estafador peruano y un bodeguero y en todas los casos se cargaban las costas a los demandantes.
Aseveró Miret que él y sus colegas nunca desalentaron las presentaciones de HC ni amenazaron con costas. En realidad, nadie lo señaló por haber desalentado presentaciones de HC, sino por el tratamiento que les dio a esos recursos. “No sabíamos si estaban escondidos, habían huido o estaban detenidos” repitió sobre el destino de las personas por las que se presentaban los HC. Ya antes había señalado que los informes que daba la policía gozaban de credibilidad y legitimidad y no había razones para no creerles aunque luego relató que en el ’76 estaba construyendo una casa con una pared ciega para evitar posibles atentados, como el sufrido por el Juez Agüero por un comando anticomunista, en el que participaban. Por eso surge la pregunta: ¿sabía o no lo que pasaba?
Igual que Romano, le dedicó un párrafo al juez Walter Bento, de quien expresó que desesperado por los escraches a raíz de que las causas de lesa humanidad no avanzaban llegó a un arreglo –no precisó con quién o quiénes- para procesar a los que hoy están siendo juzgados y dejar afuera a los demás.
Finalmente, se refirió a lo que para él es la politización del juicio en su contra, incluyendo a los otros tres exmagistrados. Se quejó Miret de que un grupo de estudiantes promovió su despido como profesor en la UNCuyo por haber difundido un video contrario a Hugo Chávez y que eso le generó “la persecución política del gobierno nacional por su afinidad con el expresidente de Venezuela”.
Repasó que se lo acusa de 34 omisiones de investigación en 19 expedientes. Consideró ilógico que se lo juzgue cuando en 1984 el gobierno democrático lo ratificó en su cargo porque no lo consideró cómplice de la dictadura. Al referirse a la destitución dispuesta por el Consejo de la Magistratura expresó: “Se me echó por la causa Mochi” y se volvió contra los testigos: “Yo les preguntaba si podían reconocer a los autores de los hechos y me decían que no, porque estaban encapuchados. Ahora resulta que sí los reconocen”. Y como colofón precisó que “lo prudente era esperar un poco, descontaba que no iba a tener colaboración de la policía”. Esto último es indicativo de que no había entonces desconocimiento de lo que sucedía.
Ya en el tramo final de su alocución consideró absurdo que Luz Faingold y León Glogowsky lo calificaran de nazi cuando él tuvo una novia judía y construyó su casa con un crédito otorgado por el Banco Crédito de Cuyo, identificado con la comunidad israelita.
Este martes está previsto que Miret responda a las preguntas de las partes y luego declarará otro exjuez, Rolando Evaristo Carrizo.




