

Virginia A. Suarez – 13/5/1976… Esa es la pancarta que yo llevo, busco la de mi hermana Margarita, no está. Las habían traído todas juntas. No está. Reviso uno por uno a los portadores de pancartas y miro las fotos, se me perdió mi hermana… ¡Presente, Ahora y Siempre! La perdí. Un puño de culpa me duele en el pecho. Saludos, reencuentro con amigos, conocidos o asiduos a la marcha de todos los años. Mucha gente. – Hola,- un abrazo con ganas de llorar – Atrás los bombos aturdiendo y mi hermana no está. ¿¡Cómo no está?!, trato de racionalizar mi desesperación, ¿a qué me estoy aferrando? A una foto, un rostro sonriente pegado en un plano, levantado en un estandarte, para que la vean, para que ella vea, en lugar de estar puteando, como aquella vez dolorosa, ante el casino de oficiales cuando golpearon a Salvador Allende y su pueblo.
Me hace falta ese estandarte con su rostro, para llevarla de la mano, peleando su condición, negando a Videla: “no tienen entidad, no están”.
¡Presente, Ahora y Siempre! Y me repito: la pancarta desapareció, no está. Observo bien la foto de Virginia Suárez, la fecha grabada: 13/5/76, dos años antes que Margarita, en el mismo mes Mayo. La levanto bien alto, aquí estás, vos sí. No sé quién eras pero decido reconocerte acá, hoy, con nosotros, tu memoria y la nuestra.
La bandera grande, ésa que tiene las fotos de todos viene adelante, la busco para alentarme, pero la sensación de pérdida es inconsolable. ¡Presente, Ahora y Siempre! Cómo no vas a estar aquí caminando con nosotros! ¡Presente, Ahora y Siempre! Estamos cerca de los tribunales, allí terminamos la marcha, la Lili se acerca: -allí está, la Margarita, la tiene esa chica de musculosa verde-. Corro y miro hacia arriba, su cara, su foto. – hola, ¿te la puedo cambiar? Es mi hermana, se me había perdido-. Abrazo la musculosa verde, -gracias, muchas gracias, la encontré-. Se la muestro a mi hermano, a todos, la encontré. Ahora y Siempre. La alegría no puede desalojar la angustia y grito: Presente, Ahora y Siempre!



