Libros, armas, vendas, capuchas, y los ojos de Alberdi / por Osvaldo Tramontina

Busto de AlberdiLunes, 31 de marzo de 2014. Llego temprano al edificio de tribunales provinciales Las puertas de acceso están cerradas. Se me antoja un símbolo, la negación de justicia, entre otras acusaciones que pesan sobre los ex magistrados de omitir investigar detenciones, privaciones ilegítimas de la libertad, torturas violaciones de domicilio, y de personas, desapariciones, muertes. Que estén cerradas, es un símbolo del pasado oscuro de la justicia mendocina. Que se abran las puertas y se debata en un juicio oral y público con todas las garantías constitucionales para los acusados, todo un símbolo también.

La estatua de la justicia, símbolo universal en occidente, tiene los ojos vendados. La significación de la venda, aparecida a finales del siglo XV, representa la imparcialidad del que juzga. No necesita “ver”, simboliza que el juez busca la verdad objetiva para juzgar. A veces tiene una espada de sólido metal, instrumento de decapitación, aparecida en el siglo XII, de origen militar, atributo normal de la función guerrera, del poder, simboliza el castigo. Se acusa a los ex magistrados, ex policías, ex agentes penitenciarios, ex militares, de haber actuado, en la pretensión de justicia, con la espada, en la oscuridad, en la ilegalidad. A veces los captores directos se cubrían los ojos con pasamontañas, siempre estaban armados, sino con espadas, con modernos fusiles y armas automáticas. Una vez detenidas, a las víctimas, siempre se les ponía una capucha para que no vieran adonde iban o quienes los torturaban. Poderosos símbolos, el poder de la espada militar, los ojos cubiertos de la estatua de la justicia, los ojos cubiertos de las víctimas desarmadas, sometidas a torturas de todo tipo, cuando no desaparecidas y asesinadas. En Mendoza, más de doscientas. Hoy se juzga a plena luz del día, con pleno imperio de la ley, en juicios orales y públicos, con algunos de los acusados de crímenes de lesa humanidad que hasta el presente 31 de marzo están en libertad en sus domicilios, con acusantes que deberán probar su acusación, con un tribunal con los ojos bien abiertos, los oídos muy atentos, con familiares de víctimas y victimarios que saben en todo momento de qué se está hablando, porque todo lo que sucede es público, no clandestino. En este juicio, el pasado y el presente se cruzan real y simbólicamente.

Me detengo en la escalera de acceso a tribunales. Enciendo un cigarrillo, maldito vicio. Desde ahí miro los alrededores y veo llegar a uno de los imputados, ex agente penitenciario, grueso bigote oscuro, solo. Casi inmediatamente después, solo también, a un ex magistrado, de elegante traje claro y corbata. No se hablan entre sí. Aquel está acusado de asociación ilícita y encubrimiento, éste de omisión de promover investigaciones, investigar desapariciones, privaciones ilegítimas de libertad, omisión de investigar torturas, robos, y violaciones de domicilio. Más tarde entrarán con el ex agente penitenciario una señora de más o menos su misma edad ¿su esposa? Y una señora, anciana, muy anciana ¿su madre? ¿Qué pensarán de lo que supuestamente hizo su marido, su hijo?

Entro, alguien me reconoce, el hola, siempre, el saludo cordial, siempre. Pregunto ¿Y usted es…? Se sonríe, apenas, me dice, la esposa de Santiago Illa. Ah, Santiago, el sanrafaelino que trabajaba en el diario El Comercio. Illia, como el del ex presidente constitucional ¿no? No, me dice, y vuelve a sonreír, es Illa, siempre lo confundieron, pero no, nada que ver. ¿Usted es…? Silvia Cristina Faget de Illa, dice con orgullo. Me cuenta, sin rencor, sin bronca, sin odio por lo que les pasó, pero con memoria firme, a pesar de los años transcurridos, que entre otras cosas, su marido le enviaba dos cartas por semana, siempre, hasta que un día, no las recibió más. Todavía sigue desaparecido. Que ella alguna vez quiso estudiar magisterio, que no pudo, todavía la herida sigue abierta, todavía siente que hay dedos que la señalan y amenazan. Sé que esto no terminará nunca, pero al menos, justicia, espero un poco de justicia. En el pasado, Silvia pensó en estudiar para maestra, su marido trabajó en un diario, ambos militaron políticamente, militancia juzgada y condenada ilegalmente por el estado ilegal e ilegítimo, presidentes, gobernadores, jueces, empresarios, dueños de diarios. En el presente, este mismo día, a pocas cuadras de este tribunal, los docentes agremiados en el SUTE, están cortando el tránsito en avenida San Martín, militando su paritaria, su lucha por mejores salarios, a plena luz del día y sin represión alguna por parte del estado bajo la consigna emanada de los presidentes Kirchner de no reprimir las manifestaciones, con jueces que pueden ser juzgados por tribunales, con autoridades elegidas por el pueblo, con empresarios periodísticos que pueden publicar lo que deseen sin censura de algún tipo. Otra vez, el pasado y el presente se cruzan, real y simbólicamente.

Hoy se terminará de leer la causa que tiene entre otras víctimas, a Horacio Julián Martínez Baca, hijo del gobernador constitucional, legal, legítimo de Mendoza, en 1973. A Horacio lo detuvieron el 30/3/76, civiles armados. De su casa se robaron muchos libros, entre otros los de abogacía de Horacio. (¿Qué querrían leer los secuestradores, el texto de la Constitución Nacional que pocos días después sería de hecho y por la fuerza de las armas dejada sin efecto real?) A lo largo de su detención de cuatro años en centros clandestinos como el D2 o el Liceo Militar Gral. Espejo, como muchos otros hombres o mujeres, Martínez Baca fue salvajemente agredido con la técnica francesa de Paul Aussaresses*: insultos, golpes, tortura psicológica, picana en las encías y los genitales. Liberado en 1980, en el aeropuerto internacional de Río de Janeiro, un comando pretendió volver a secuestrarlo, impedido por el leal capitán del avión argentino. Se radicó desde entonces en EEUU, donde vive todavía (* “Militares y policías argentinos fueron entrenados en tortura y guerra psicológica, guerra antisubversiva con el visto bueno de EEUU y al servicio de las peores dictaduras de América del Sur. La película Estado de Sitio, 1972, explora las consecuencias brutales de la lucha entre el gobierno de Uruguay, apoyado por el gobierno de EEUU, y la guerrilla izquierdista Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, expone las acciones de la intervención política estadounidense en América Latina, apoyando los golpes de estado y las dictaduras militares, y su papel central en la violación de los derechos humanos. Dan Mitrione, vinculado con la CIA, llega a Brasil para capacitar a fuerzas policiales luego del golpe militar que derrocó al gobierno popular y constitucional de Joao Goulart. Los opositores políticos a la dictadura brasileña eran sistemáticamente torturados, encarcelados y asesinados sin juicio. Mitrione y su grupo, encubiertos como Agencia de Cooperación Internacional entrenaron en tortura y acción antisubversiva a policías uruguayos y latinoamericanos. (Fuentes: Le Point, semanario francés, Pág. 12, diario argentino y Wikipedia) La película francesa es ficción, los hechos reales, tan reales como los padecimientos de las víctimas allá o acá. Otro cruce del pasado y presente para nada simbólico, este año se cumplen cincuenta años del derrocamiento de Joao Goulart, luego de intensas y destituyentes marchas caceroleras de mujeres, paros gremiales y ataque concertado de la prensa hegemónica y concentrada. En Brasil y Uruguay los crímenes de lesa humanidad aún no han sido juzgados. Otros símbolos, otro cruce de realidades entre el pasado y el presente

Otra víctima, Pedro Tránsito Lucero: “El día 23 de marzo de 1976 trabaje hasta la una de la mañana en el diario Los Andes donde yo era jefe de noticias. En mi casa golpes feroces, «ejército argentino, abran la puerta o la echamos abajo». Estaba con mi mujer, juez en el fuero correccional de la provincia y tres hijas mías de 4, 3 y un año de edad. Mi mujer estaba en bombacha y corpiño, yo en calzoncillos. Protesto, me contestan cállese o lo vamos a cagar a tiros. Me vendaron los ojos, a mi mujer también, nos subieron a mí en un rastrojero y a mi mujer en otro vehículo, me llevaron a empujones al Liceo Militar Gral. Espejo. Allí trajeron, por la fuerza también, a directivos de la universidad, profesores, de la facultad de psicología, al secretario general de la CGT Fiorentini, a directores de medios de difusión. Un teniente primero dice: están acá en condición de prisioneros de guerra, cualquier intento de fugarse del lugar será reprimido con la muerte, cualquier desacato a la autoridad de los oficiales o suboficiales de este lugar será reprimido con la muerte. Nueve meses pasé así. Pedía lápiz y papel para presentar una nota, me dijeron que no, que no se podía escribir, leer diarios, recibir correspondencia, nada de nada. Para tomarle declaración a algunos les pegaron culatazos y algunos no volvían después de eso. Se dijo que los llevaban para quitarles la vida, nunca más supe de ellos. Había dirigentes gremiales del gremio vitivinícola, supe que a uno de ellos lo mataron. Interrogaban y golpeaban unos suboficiales de la fuerza aérea del servicio de inteligencia. De los libros que me sacaron… uno era La democracia frente al comunismo, tenía un sello del embajador de Estados Unidos en Bs. As., miren quién me lo regaló, les decía… y el manifiesto comunista de Marx y Engels, y obras de personajes de extrema derecha de España, nadie me podía atribuir una identificación ideológica por los libros que yo leía… En abril vino un vehículo celular de la penitenciaria provincial. El chofer preguntó ¿A estos los vamos a matar al Campo Papa o los llevamos al sur? Fuimos a la penitenciaria provincial. Ahí castigaban físicamente, metían a una celda a cualquiera por infracciones pequeñas, no se podía mirar a los ojos a los carceleros. A mí no me interrogaron, a los demás si, algunos no volvían del interrogatorio, se dijo que habían muerto en el interrogatorio, y se los llevaban al cementerio. Yo ingreso en el Liceo el 24 de marzo de 1976 y estoy hasta fines de abril y de allí voy al penal hasta que se cumplieron en total 9 meses. Mi mamá hizo todas las gestiones que pudo, ella pedía que me juzgaran, mi papá era un militar de línea dura y en una posición conocida en el ejército que no estuvo de acuerdo con golpes militares y a raíz de eso lo pasaron a retiro en el gobierno de Aramburu, él no quiso pedir favores. Había un chico hijo del encargado del consulado de Italia que lo llevaron a testimoniar ante el juez federal Guzzo y este chico cuando volvió contó que lo iban a soltar porque el juez dijo vos sos un perejil, que no tiene entidad para ser delincuente, ya mismo voy a hacer la resolución que te suelten pero no te entusiasmés mucho porque tengo que pedir permiso al Gral. Maradona. Al chico lo tuvieron seis meses más adentro. Estuvo Moran, también periodista del Los Andes conmigo, él estaba muy vinculado con los servicios de inteligencia y con la policía porque él manejaba la página de informaciones policiales del diario. La esposa de él también, Norma Sibilla, ella era una muchacha muy inteligente que había publicado libros de poesía y había escrito ficción. He tratado de recordar nombres de personas que estuvieron conmigo. Por ejemplo, Puga, que estaba vinculado al peronismo autentico y conocía a todos los personajes. Era un buen tipo en la prisión. Había un señor del ejército llamado teniente primero Ledesma que solía venir a las requisas a mitad de la noche a sacarnos al patio desnudos. Recuerdo que Antonio Di Benedetto, que era sub director del diario Los Andes, dijo “guardia, yo estoy enfermo” y le contestaron, morite viejo de mierda si eso es lo que queremos. Estábamos encerrados en las celdas que tenían 1,80 m. x 2 de largo y allí pasábamos 23 horas y salíamos una hora a caminar en el corredor que había uniendo un grupo de 18 celdas y lo único que podíamos hacer era caminar, allí no entraba material de lectura, no se podía escuchar radio. Todo esto sucedió en la penitenciaria. En el Liceo a algunos les pegaron. Sé que a algunos los llevaron a otros lugares y no volvieron. Yo era jefe de noticias del diario Los Andes. Personal de inteligencia siempre iba al Diario Los Andes a buscar fotos, siempre iban a pedir fotografías, pedían fotos del Mendozazo, buscaba fotos en el diario para identificar militantes. Yo nunca pensé que podía venir el ejército a detenerme. En el Liceo además había personas del D2, un individuo que tenía pelo negro con un mechón blanco, ese parecía que era muy feroz. Todos lo señalaban como un torturador patológico. A mí me dejaron en libertad el 24 de diciembre. Fue Yapur y dijo mire usted va a recuperar su libertad, no tenemos otro cargo contra usted en este momento, los periodistas no van a poder volver a trabajar nunca más en periodismo. Coronel, es una excusa bastante débil como justificación de los nueve meses que estuve, el de al lado me decía no seas boludo te van a meter de nuevo adentro. Los Andes mandó un telegrama diciendo que me dejaban cesante por haberme comprometido en actividades incompatibles con la función de un periodista. Después que salimos, nos exiliamos en España Gestionamos una visa para ir a EEUU y allí fuimos a mediados del 81, nos instalamos en la ciudad de San Diego. Mis hijas, dos de ellas hicieron la escuela primaria y secundaria. Jamás pude ejercer el periodismo nuevamente. Dentro de los interrogadores había alguien con acento porteño. Yo vi a esta persona del D2 que parece que era coordinador, era un subcomisario Rodriguez, él era de la custodia de mi padre. Este señor estaba en el Liceo. Habían personas que elegían para torturarlos y algunos no volvían. En ese momento no tuve contacto con jueces. Yo pedía que me juzgaran pero no fue así. Yo no hice presentaciones en la justicia, ni mi familia porque pensé que era inútil. (Segmentos del testimonio que dio el periodista Pedro León Lucero en enero 2011)

En el pasado, Arturo Marcos Garcetti fue detenido en su casa de Coquimbito, que fue destrozada, y trasladado a dependencias policiales y del Liceo Espejo, sometido a vejámenes desde mediados del ’76 a mediados del 77. Había sido detenido por ser secretario general del gremio docente, el SUTE, e inspirador del confederal CETERA. En el pasado, los gremios como el SUTE, y confederación como CETERA, fueron intervenidos y suspendidos en su accionar gremial, y sus dirigentes encarcelados y torturados, cuando no desaparecidos. En el presente, 31 de marzo de 2014, el SUTE manifiesta públicamente en la calle, y sin represión de policial o militar de ningún tipo su disconformidad con la marcha de la paritaria provincial, y llevan varios días de huelga, al igual que SUTEBA, ambos afiliados a CETERA. SUTEBA lleva una huelga por tiempo indeterminado por reivindicaciones salariales, y sus dirigentes son invitados a debatir hasta en el canal oficial del estado nacional. Símbolos y realidades diametralmente opuestos, del pasado dictatorial, del presente democrático.

Carmelo Durán, Militante del PC, detenido por militares armados, interrogado para que dijera dónde están las armas. Mis armas son los libros, les dijo. No le creyeron o consideraron subversivos a los libros, de hecho, así fue en todo el país. Los libros eran considerados armas, por esos fueron robados, destruidos o quemados en la hoguera de la inquisición dictatorial 76/83, como aquí en la Universidad de Cuyo. En la realidad del pasado, al cuerpo del militante comunista lo alojaron en cuadras del liceo militar Espejo. Metido en calabozos, maniatado, encapuchado tiempo después un capitán del ejército le dijo usted no es guerrillero. Mis armas son los libros, el conocimiento, había dicho Durán. Por tener libros que fueron quemados como muchos otros, por ser literatura subversiva, de mucha peligrosidad. Peligro que en la película de ficción de 1966 “Farenheit 451”, se refleja muy bien. Un estado totalitario, por el bien de la población, manda a los bomberos a quemar libros subversivos. Si los subversivos se resistían, también eran quemados. Otra vez los símbolos y realidades del pasado y el presente que vuelven a cruzarse.
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Debo salir, necesito fumar un cigarrillo, tomar aire, fumar un cigarrillo, maldito vicio. Para cuando vuelvo, los Fiscales Vega y Auat están fundamentando la modificación de la imputación a los ex magistrados y otros acusados: ya no se trata de omisión de investigación, sino de homicidio agravado. Y muchos otros conceptos que no entiendo jurídicamente, pero sí esencialmente, las calificaciones son más gravosas, y se hacen públicamente. Que lo hacen al iniciarse el debate, dicen los fiscales del presente, para que no haya sorpresas para los acusados y sus abogados defensores, todo dentro del marco jurídico. Mientras la fiscalía presenta sus argumentaciones, miro a los acusados, especialmente a los ex magistrados. Uno de ellos, vestido de sport, parece abatirse, pide permiso, lo acompaña una enfermera, se retira, al cabo de un rato vuelve, sostiene en sus manos un grueso de papeles escritos, como de un bibliorato, se siente, parece leerlos, parece más abatido todavía. El otro ex juez, el que había visto en la entrada vestido de elegante traje beige, está muy atento tomando nota. Otro ex magistrado, está inmutable. Los abogados defensores escuchan con mucha atención, unos toman nota, otros consultan algún dispositivo electrónico sobre sus escritorios. Enfrente, parte del equipo de fiscales y querellas, tienen varios volúmenes de alguna obra jurídica que consultan. El tribunal que juzgará, sigue muy atento y muy serio. Las cámaras de televisión graban todo y los periodistas acreditados toman nota en soporte papel o digital. Luego de varios largos minutos, el tribunal pide un cuarto intermedio. Nos retiramos con varios compañeros a tomar un café y conversar acerca de lo sucedido. En nuestra mesa hay familiares directos de las víctimas, hijos o esposos, un periodista profesional de un medio gráfico, parte del equipo del blog. Se comentan aspecto de lo que acaba de suceder en el tribunal, obvio, pero también las recientes elecciones municipales de Capital y San Carlos, las gastadas para un bostero por parte de un gallina, por el Boca 1, Ríver 2, el increíble y maradoniano gol de Riquelme… Un joven de H.I.J.O.S., cuenta que en San Rafael y Mendoza, han aparecido autodenominados hijos y familiares de presos “políticos” ( llaman así a los ex jueces, ex militares, ex policías, ex agentes penitenciarios que ahora están siendo juzgados bajo el imperio absoluto de la ley, en juicio oral y público, con todas las garantías constitucionales, y por crímenes de lesa humanidad, no políticos, crímenes de lesa humanidad, no políticos). Los autodenominados familiares de presos “políticos”, probablemente sean los autores de pintadas agraviantes a los víctimas u organismos de DD HH, así como también a las placas y monumentos recordatorios del genocidio, de las madres de plaza de mayo, afirman que de ahora en más “actuarán a cara descubierta y de día” (¡?) Entonces, reconocen que antes, hace poco, como sus parientes o amigos militares, policiales, o penitenciarios hace mucho, lo hacían cubriéndose los rostros para que no los reconocieran. Evidentemente, de tal palo… El clima de la charla en el café no ha variado mucho, pero ahora hay una cierta preocupación. Todos recordamos los casos de Julio López, por ejemplo, las amenazas a magistrados federales actuales, los robos de computadoras en organismos de derechos humanos, la destrucción de placas y memoriales que recuerdan a víctimas desaparecidas, asesinadas, luego de ser detenidas con militares o policía, algunos de ellos con pasamontañas negros, todos, rigurosamente armados, y no con libros precisamente. Estos familiares de hoy quieren destaparse la cara y argumentan que son presos políticos sus familiares, aquellos acusados de asesinatos, desapariciones, vejámenes, torturas y violaciones, muchos de los cuales se ponían pasamontañas en la cara para que no los reconocieran. Muchos símbolos del pasado se reflejan en el presente. Los familiares de los acusados gritan con odio, muchos de los acusados actuaban con el rostro tapado, y pasamontañas negros. Los familiares de las víctimas acusados y condenados sin juicio o sin defensa alguna, solo piden justicia, las madres de las víctimas todavía desaparecidas usan un pañuelo blanco en la cabeza. Símbolos del pasado y del presente, un pasado negro y feroz, que todavía odia, como entonces odiaba y mataba, torturaba, violaba o desaparecía. Un presente de cabezas de madres cubiertas con un pañuelo blanco, buscan en la calle, en las rondas de los jueves en la plaza, en las sillas de los tribunales, en las manifestaciones recordatorias del pasado, hijos, padres, madres o amigos de las víctimas del pasado, en el presente, después de 38 años, en paz, y sin odio, pero con memoria, la verdad y la justicia. Opuestos irreconciliables los del pasado negro, los del presente blanco. Las canas son igual de blancas, en unas u otras cabezas, lo que guardan bajo ellas, muy diferentes. Medio paquete de cigarrillos y muchas horas de grabaciones son demasiados por hoy. Me voy, camino a la parada de micro, atravieso el parque cívico. Me llama la atención el busto de Alberdi que está allí, en una placa que dice “padre de la Constitución Argentina y de Mendoza. El busto tiene los ojos pintarrajeados por un vándalo. En el comienzo de la leyenda de una de las placas, se cita al estadista: “…pero no olvidéis: la paz sólo viene por el camino de la ley”.

 

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El Colectivo Juicios Mendoza se conformó en 2010 por iniciativa de los Organismos de Derechos Humanos para la cobertura del primer juicio por delitos de lesa humanidad de la Ciudad de Mendoza. Desde ese momento, se dedicó ininterrumpidamente al seguimiento, registro y difusión de los sucesivos procesos judiciales por crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado.