AUDIENCIA 58 / CINCO IMPUTADOS, PURAS TAREAS ADMINISTRATIVAS

20-02-2026 | Cinco imputados ampliaron sus declaraciones indagatorias: Olmedo, Escobar, Mateo, Roccato y Tello. No tienen obligación de decir la verdad, se trata de una instancia para ejercer el derecho a defenderse, explicó el juez Alberto Carelli. La próxima audiencia será el 6 de marzo a las 9:00.

Como estaba previsto para la audiencia 59 del 13.° juicio por delitos de lesa humanidad de Mendoza, cinco imputados pidieron la palabra para ampliar sus indagatorias. A diferencia de las declaraciones testimoniales, donde las personas tienen la obligación de decir la verdad, la ley no obliga a los imputados en ese sentido y por eso no se les toma juramento, explicó el presidente del tribunal, juez Alberto Carelli. Ninguno quiso responder preguntas de la acusación y todos se declararon inocentes, aunque uno de ellos, —José Esteban Roccato— ya ha sido condenado a prisión perpetua en un juicio anterior.  

Público en sala

“Hacía tareas netamente informativas, preventivas y administrativas”

Jacinto Salvador Olmedo afirmó llevar seis años y medio privado de su libertad de manera “ilegítima”. “Se me acusa de hechos que ni me imagino, hechos que han ocurrido en el 74, 75, 76 cuando estaba en otras unidades”, manifestó. También cuestionó el proceso judicial. Consideró que se trata de una causa iniciada en 2012 que, a su entender, debería archivarse por falta de pruebas. 

Jacinto Salvador Olmedo

También descalificó los testimonios: «Dos años escuchando relatos y relatos de gente que sufrió… Es detestable lo que les haya pasado, pero son relatos. A cincuenta años no son testimonios, son relatos», justificó. Además, los puso en duda:“Los primeros testimonios estaban muy bien guionados”, exclamó, pero según él son cuestionables porque en realidad  lo único que tenían claro es que habían ido al D2.

Olmedo manifestó que en abril de 1981 fue trasladado desde la Comisaría 18, de Palmira, a la Dirección de Informaciones. En ese marco realizó un curso de inteligencia en el que recibió formación en defensa nacional e infiltración ideológica en medios de comunicación. Afirmó que para entonces “el Ejército había vuelto a sus cánones normales” y que en ese período “no se hablaba de subversión ni de desaparecidos”. En relación con sus funciones, afirmó que “hacía tareas netamente informativas, preventivas y administrativas”. En el mismo sentido, indicó que su trabajo era recibir datos y transmitirlos al director del área, sin dejar registros escritos.

El defensor Leonardo Pérez Videla consultó al imputado acerca de los registros que llevaba la dependencia y sobre el carácter obligatorio de los cursos a los que había hecho referencia. Olmedo explicó que la información no quedaba asentada por escrito, sino que se transmitía de manera verbal, y que los cursos de inteligencia no eran obligatorios. En el caso de la formación dictada por la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado), precisó que la designación de los asistentes dependía de la jefatura policial de cada provincia.

En el cierre de su declaración, el imputado expresó: “No pido perdón ni clemencia, pido que se haga justicia”. Olmedo Muñoz decidió no responder preguntas de la fiscalía.

“El proceso vulneró mi derecho de defensa, garantías constitucionales y el principio de razonabilidad”

Carlos Escobar Zurita señaló que inició sus primeros servicios en 1972 y que en 1973 pasó a desempeñarse en Casa de Gobierno, a cargo de la División Custodia. Según relató, en esas funciones trabajó bajo las órdenes de siete u ocho gobernadores de Mendoza —entre ellos Carlos Mendoza, Antonio Cafiero, Luis María Rodríguez y León Lucero—  y continuó en ese ámbito hasta 1994. “Toda mi actividad ha sido en este tipo de cosas”, afirmó. En ese marco, expresó que lleva seis años detenido: “Y todavía nadie me dice por qué”. Indicó que se lo hace responsable por hechos de 1980 y 1981, período donde fue un oficial subalterno en el Departamento de Informaciones de la Policía de Mendoza (D2).

Escobar Zurita afirmó que ninguna de las personas que declararon lo reconoce ni lo ubica en tiempo, espacio, lugar o modo. Calificó las declaraciones como “carentes de sustento” y sostuvo que, a su entender, se trata de afirmaciones basadas en la “imaginación”. También manifestó que el proceso ha vulnerado su derecho de defensa, las garantías constitucionales, el debido proceso y el principio de razonabilidad, que se invirtió la carga de la prueba y que se dejaron de lado las máximas de garantías como non bis in idem e in dubio pro reo.

Al final de su declaración señaló que las fojas de su legajo personal fueron revisadas. Según expresó, en ese análisis se omitieron aspectos que lo benefician, y remarcó que fue un oficial que permaneció en la seguridad de autoridades del más alto nivel.

“Siempre me gustó estar preparado para cumplir acabadamente la función”

Gerónimo Antonio Mateo Jofré ingresó a la fuerza a los 16 años y se retiró a los 50, tras 34 años de servicio. Precisó que en 1974 se incorporó como oficial y que en julio de 1978 fue destinado al Departamento de Informaciones de la Policía de Mendoza (D2). Explicó que los destinos dentro de la institución se ordenaban jerárquicamente y que no podían rechazarse sin exponerse a sanciones disciplinarias. 

Contó por qué hizo cursos de inteligencia: “Siempre me gustó estar preparado para cumplir acabadamente la función y, de esta forma, brindar un mejor servicio a la sociedad”. También agregó que se desempeñó en tareas de informaciones y trabajo de calle.

Familiares de las víctimas. Al fondo, los imputados (Gentileza: @fotografo.acequiero y @lamosquitera)

“Niego todos los delitos que se me atribuyen. Niego haber violado, abusado sexualmente o detenido ilegalmente”, sostuvo. “Soy inocente. Si el tribunal me absuelve, se habrá hecho justicia. Si me condenan, habrán condenado a un inocente”, concluyó en su indagatoria.

 “Me he sacado foto con la custodia de la reina en el Palacio de Buckingham”

José Esteban Roccato se presentó como pastor “de cuna evangélica” e inocente. Pidió bendecir a todas las personas que tenía detrás en la sala de audiencia y aseguró no poder ignorar el dolor de la pérdida de las familias. “Pido perdón si piensan que he cometido un delito contra su familia”, dijo el ya condenado a prisión perpetua.  

Armando Fernández, múltiple condenado, con tobillera electrónica (Gentileza: @fotografo.acequiero y @lamosquitera)

Aprovechó la instancia para relatar toda su vida. Sus padres eran de Misiones y él nació en Neuquén porque el matrimonio había sido designado para instalarse ahí por la Iglesia Pentecostal. Contó en qué escuelas estudió, que se puso de novio a los 12 años y se casó a los 17, que tiene hijos, nietos y bisnietos a quienes no conoce porque viven en Europa. Entró a la Policía en el 68 y no completó el curso de aspirantes porque era dactilógrafo y lo llevaron a hacer cartillas de estudios de cadetes en la Escuela Superior de Policía. 

Contó anécdotas de su vida entre 1971 y 1972, como su intento por conseguir visa para que su familia pudiera ir a Estados Unidos con él. Además, aseguró que en el juicio anterior lo vincularon con gente de Gendarmería y lo acusaron de participar en el secuestro del matrimonio Verd-Palacio. Sin embargo esta versión no coincide con los hechos: los investigados eran del Ejército y el único imputado fue absuelto, por lo que el caso quedó impune. 

El tribunal y las partes (Gentileza: @fotografo.acequiero y @lamosquitera)

Explicó que su tarea nocturna, con los oficiales Couto y Félix Andrada, consistía en reunir y resumir la información de todos los periódicos de tirada local y nacional. A la mañana temprano del día siguiente le daban la información al gobernador para que supiera sobre qué temas le iban a preguntar en las ruedas de prensa.  Posteriormente lo trasladaron a la sección Fichero y Archivo y, por ser pastor, le designan la mesa religiosa (a otros les tocaba la social, la política, la gremial, etc.). Su función, explicó, era leer los diarios y relevar las actividades religiosas o hacer una encuesta ambiental en los lugares donde iban a abrir un templo. Más tarde fue llevado a la Dirección Judicial. 

Decidió retirarse antes de la Policía, pero trabajando como pastor siguió haciendo los aportes correspondientes a los diez años faltantes. Con su esposa llevó la prédica y fundó iglesias en distintas ciudades de Chile, Colombia, Venezuela, Nicaragua, Estados Unidos, España, Italia, Inglaterra. “Me he sacado foto con la custodia de la reina en el Palacio de Buckingham”, afirmó sin mucho sentido para la situación, y “con los custodios de la Interpol en Scotland Yard”. Fue en su casa en España que se enteró, al prender la computadora, de que estaba siendo buscado, por un cartelito movedizo que decía “captura internacional de José Esteban Roccato por delitos de lesa humanidad”.

Rechazó toda responsabilidad de las decenas de privaciones ilegítimas de libertad, tormentos, homicidios, lesiones graves, robos, etc. Aprovechó la época para criticar su imputación de parte del “exjuez delincuente Walter Bento” con una frase bíblica: “Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí. El que contra ti conspirare, delante de ti caerá”. “Delante de mí vi caer al juez Bento”, finalizó.

“Nunca se trató el tema de la subversión porque ya estaba finiquitado”

El último en hacer uso de su derecho a ampliar su declaración fue Juan Hipólito Tello Yáñez. Dijo que en la escuela de cadetes hizo un curso acelerado para ingresar y que siempre tuvo “la premisa de cuidar la vida y defender a la sociedad”. Repasó su carrera. Inicialmente, lo llevaron a San Rafael y se especializó en tareas que hoy hace la policía científica, como pericias dactiloscópicas o balísticas. 

El defensor oficial Leonardo Pérez Videla habla con los imputados (Gentileza: @fotografo.acequiero y @lamosquitera)

En 1964 lo trasladaron a la Ciudad de Mendoza. Primero cumplió funciones en la seccional primera, luego en la segunda, siempre como sumariante. En 1971 lo llevaron a la Unidad Regional y siempre estuvo en la oficina de sumarios y procesos administrativos internos. También estuvo en la comisaría de San José, Guaymallén, y de Jocolí, Lavalle. A mediados de 1977 lo trasladaron a la subcomisaría de guardia en la Casa de Gobierno y en 1979 arribó a la oficina de Análisis de la Información en la Dirección de Informaciones. 

“El tiempo que llevamos en detención (siete años) nos ha privado en nuestra vida de muchísimas cosas irrecuperables: disfrutar nuestras familias, nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros bisnietos”, se victimizó. Reclamó la lentitud en el inicio y el desarrollo del juicio y aseguró haber atravesado una depresión severa, aunque cumple la reclusión en su domicilio. 

Como otro colega, explicó que todos los traslados fueron ordenados y dispuestos por la jefatura de Policía y ellos, como oficiales, tenían la obligación de cumplirlos. “Jamás violenté la ley, jamás cometí delito alguno”, puntualizó. Además, explicó que en la Escuela de Inteligencia “nunca se trató el tema de la subversión porque ya estaba finiquitado”. Rechazó todas las “acusaciones sobre mi persona como si yo fuera la personificación del demonio o el diablo” y, con apego al sentimiento religioso, concluyó: “Bajo la mirada atenta de nuestro señor Jesucristo yo les digo: soy inocente”.

La próxima audiencia estará abocada a la incorporación de la prueba instrumental, que debe hacerse antes de los alegatos, y será el viernes 6 de marzo a las 9:00.

Mirá la audiencia completa:

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El Colectivo Juicios Mendoza se conformó en 2010 por iniciativa de los Organismos de Derechos Humanos para la cobertura del primer juicio por delitos de lesa humanidad de la Ciudad de Mendoza. Desde ese momento, se dedicó ininterrumpidamente al seguimiento, registro y difusión de los sucesivos procesos judiciales por crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado.