AUDIENCIA 81 / LA DESAPARICIÓN DE ALFREDO ESCAMEZ

23-10-2026 | Los alegatos del Ministerio Público Fiscal estuvieron a cargo de Daniel Rodríguez Infante y Analía Quintar. Reconstruyeron los casos de Luis Passardi, Víctor Cuello, Alfredo Escamez y Laura Marchevsky. La próxima audiencia será el jueves 29 de octubre a las 9:30.

Tras iniciar el caso 59 la jornada previa, con los hechos padecidos por Rubén Alberto Rizzi y Mónica Rizzi, Rodríguez Infante retomó los casos que le faltaban. Ayer relató los hechos padecidos por y hoy reconstruyó las causas de Luis Passardi y Víctor Vicente Cuello. La audiencia empezó una hora y media más tarde del horario convocado y en la sala no estaban los imputados.

Luis Passardi y Víctor Vicente Cuello

Luis Passardi tenía 20 años, estudiaba en la UTN, era amigo de Rubén y novio de Mónica Rizzi. Él prestó testimonio tanto en instrucción como en un juicio anterior y contó que fue detenido dos veces. Su primera detención fue el 3 de noviembre de 1976 por la mañana y al día siguiente la madre de Mónica interpuso un habeas corpus por él, “en carácter de amiga y futura madre política”. Allí, la mujer dejó asentado que Luis fue llevado a las 10 de la mañana por personas que se identificaron como de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Mendoza. Llegaron en un Citroën amarillo —el mismo en el que se llevaron a Rubén Rizzi—, tocaron el timbre, el padre le dijo que lo buscaban y supuestamente se lo llevaban para hacer una investigación de rutina. A Passardi lo llevaron en ese auto al D2. 

Cuando lo ingresaron al D2, trajeron a Rizzi esposado y vendado y lo interrogaron frente a Luis. Le preguntaban por una persona a quien apodaban “el Flaco”, novio de Adriana Rizzi, hermana de Mónica y Rubén. Era Edgardo Rivero, dijo la fiscalía, aunque Passardi no hubiera recordado su nombre. El D2 lo buscaba intensamente. A Passardi también le preguntaron por el Flaco, le pidieron que lo reconociera y que dijera si estaba en la casa de la familia Rizzi.

Fiscal Daniel Rodríguez Infante

De los calabozos del D2, Luis recordó a una chica embarazada a la que mataron y también a otra chica judía novia de un amigo suyo, Laura Marchevsky, que estaba en pareja con Elfo Quesada. Dijo que había una persona más cuyo nombre no conoció. En una oportunidad, lo llevaron para ser interrogado en una sala, pero como estaba vendado solo veía los pies de los interrogadores. Le preguntaron por Jacinto de la Vega, dirigente comunista y tío de Passardi, a quien —dijeron— le habían puesto una bomba. Luego lo llevaron a los calabozos y a los días lo liberaron. Se lo entregaron a la mamá de Rizzi. 

La segunda detención de Luis Passardi ocurrió la madrugada del lunes 20 de febrero de 1978, aunque según su recuerdo había sido un domingo de noviembre del 77. Su mamá presenta un habeas corpus ese mismo día. El propio Passardi relaciona esta detención con un control en el que pararon a un amigo, Vicente Oliver, cuando había ido a pasear a la montaña. A un guardia de un puesto militar le había parecido escuchar un disparo y ver un auto blanco. Cuando le preguntaron en el control policial de Cacheuta, dijo que había estado con Luis Passardi y lo fueron a buscar. Fue nuevamente conducido al D2 y alojado en los mismos calabozos. De hecho, reconoció que el policía que lo fue a buscar al calabozo en una ocasión era el mismo que lo había detenido la primera vez. 

La prueba documental del caso, sostuvo el fiscal, ha permitido profundizar el marco en el que fueron secuestradas las personas de esta familia, que era la persecución del D2 contra Edgardo Rivero, principalmente, y su pareja, Adriana Rizzi.  

En particular, Rodríguez Infante se refirió a los libros de asiento de órdenes de reunión de la Policía de Mendoza, que registran información sobre actividades, nombres, ideología, apodos, modos de vida de las personas que buscaban, registros de constancias de visitas a velorios, gremios, a reuniones, asambleas, etc. Aparecen también los encargados de cada tarea, a veces con apellidos y a veces con apodos como “Vicky” o “Cacho”. 

Estos libros estuvieron en manos de la Justicia Federal tras la dictadura, y la Policía de Mendoza se encargó de destruirlos o hacerlos desaparecer cuando volvieron a su poder, en 1987. Sin embargo, Mariú Carrera —integrante de Familiares de Personas Detenidas-Desaparecidas por Razones Políticas— rescató un juego parcial y en 2007 aportó copias de 115 hojas de algunos. Lo poco que se puede ver de este libro demuestra la faceta de aparato de inteligencia de la Policía de Mendoza. La fiscalía expuso que ese libro termina de demostrar que el D2 buscaba intensamente a Rivero.

Entre esos asientos, aparece la orden del 4 de diciembre del 76 con tres subtítulos: averiguaciones, medios y medidas a tomar: “Averiguaciones: Si en la zona del plano adjunto, especialmente los puntos marcados en rojo, donde viven los padres del delincuente subversivo Eduardo Rivero o ‘Dito’. Medios: Indirectos, observación, tanteos. Medidas a tomar: seguimiento, establecer sus contactos, hacer el relevamiento del terreno, y en caso de que se dé cuenta de que lo siguen, detenerlo y si hay resistencia o peligro de fuga reducirlo por cualquier medio”.

Libros de asiento de órdenes de reunión de la Policía de Mendoza
Libros de asiento de órdenes de reunión de la Policía de Mendoza

Más adelante, aparece además una encuesta ambiental encomendada a “Vicky” y “Cacho”, apodos de agentes del D2, en Vucetich y Sta. María de Oro de Ciudad, donde vivían la madre y el padre de Edgardo Rivero.

Víctor Vicente Cuello tenía 25 años, estudiaba Sociología y tenía militancia en diversos grupos de izquierda, por eso tuvo un acercamiento con Montoneros. Además, se dedicaba a la fotografía con su amigo Miguel Poinsteau, actualmente desaparecido, con quien compartían laboratorio de revelado. Fue Poinsteau quien le presentó a una persona apodada Quique y él supo que era Oscar Ramos, de Montoneros, Beatriz (cuyo nombre real nunca supo) y otra persona. Quique le pidió ayuda para guardar a una tal Mecha y Cuello prestó colaboración.

Público en la sala

Cuello fue detenido el 24 de noviembre de 1976 en su vivienda, ubicada en calle San Martín al 8000 de Carrodilla, por tres personas que dijeron ser de Investigaciones de la Policía de Mendoza. En ese momento, en la casa estaban su esposa, sus suegros y una persona que estaba haciendo trabajos allí. Al mando estaba un hombre de cabello rubio rojizo a quien apodaban Ruso y, después supo, era Smaha. Además, agregó que volvió a ver a otro de los intervinientes de su detención en la calle San Martín de Luján, cerca de la plaza, en actitud sospechosa, como vigilando.

Al llegar a su domicilio, las personas preguntaron por un tal Viamonte y lo subieron a un Citroën. Apenas recorrieron 50 metros, lo tiraron en el asiento de atrás, le vendaron los ojos con una cámara de cubierta muy apretada fuerte, le apretaba, le dijeron “perdiste” y empezaron a interrogarlo sobre un atentado con bombas en la empresa Matas donde había intervenido en un conflicto durante 1974 como delegado gremial. También le preguntaron por “el mago” (Poinsteau) y por Mecha, a quien había ayudado. 

En el D2 lo golpearon y, por sucesivas quejas de él, le cambiaron la venda. Estando en los calabozos se la sacaron y pudo ver a su amigo Miguel Poinsteau, quien le pidió disculpas por decir dónde estaba él en el marco de las torturas. Cuello dijo que en los interrogatorios había un porteño que para él era Sánchez Camargo. Atado a un camastro, con una toalla en la cabeza, lo golpeaban y le daban descargas eléctricas con la picana, mientras le preguntaban sobre su nivel de relevancia en la organización, si era una célula de prensa, si su esposa participaba, dónde se reunían. En otra ocasión de interrogatorio bajo torturas también le mostraron fotos para que identificara personas. 

Víctor Cuello compartió cautiverio con la familia Rizzi, pero el propio Rubén dijo que lo conoció recién en el D2. Además fue incorporado a la causa Rizzi, como para dar un manto de legalidad a los secuestros. Ya en 1979 relató todo esto en la causa en la que estaba imputado y el juez Guzzo le tomó declaración indagatoria. Pero también hay declaraciones de él en instrucción y en el juicio de lesa humanidad anterior. 

Ante el Juzgado Federal, en 2012, Cuello hizo reconocimiento fotográfico e identificó a Timoteo Rosales (el Puntano), a Smaha (el Ruso), Manuel Bustos Medina (quien lo llevó a interrogatorios en tres oportunidades). Estuvo aproximadamente veinticinco días en D2 y con un oficio firmado por Sánchez Camargo fue remitido a la Penitenciaría de Mendoza el 26 de noviembre del 76. Más tarde lo trasladaron a la Unidad 9 de La Plata, después lo trajeron de nuevo a Mendoza para someterlo a un consejo de guerra, lo volvieron a llevar al penal bonaerense y lo liberaron el mismo día que Rizzi, el 16 de octubre de 1979.

Como le dieron libertad vigilada, tenía que ir periódicamente al Comando de la VIII Brigada de Infantería de Montaña e, incluso, una vez lo hicieron presentarse en el D2. Lo vigilaron mucho tiempo más, porque recuerda que en 1982 se presentaron integrantes de la fuerza de seguridad en su lugar de trabajo y preguntaron por él. Antes de cerrar esta parte del alegato, el fiscal hizo referencia a un escrito en el que figuraban como prófugas personas del entorno de Víctor Cuello que en realidad estaban —o estuvieron posteriormente— desaparecidas. Era la forma del aparato represivo de disimular su destino fatal.

Caso 60: Francisco Alfredo Escamez

El fiscal Rodríguez Infante desarrolló con detenimiento el caso de Francisco Alfredo Escamez porque representa cabalmente la incidencia del Departamento de Informaciones de la Policía dentro y fuera de Mendoza. Alfredo fue secuestrado en San Juan, en octubre de 1976, y se lo vio por última vez en el D2. Su pareja, Gisela Tenenbaum, logró escapar y fue capturada finalmente en el marco del operativo de abril de 1977. Ambas víctimas continúan desaparecidas. Estos hechos se relacionan con los derroteros de otras personas que se desplazaron entre San Juan y nuestra provincia, y sobre las que esta dependencia realizó una intensa persecución. Entre ellas, Ana María Moral, Luis Roque Moyano, Alfredo Lerouc, Marta Saroff, María del Carmen “Pichona” Moyano y Carlos Poblete.

alfredo escamez
Francisco Alfredo Escamez

Escamez tenía 23 años, estudiaba en la Universidad Tecnológica Nacional y trabajaba como chofer de taxi. Tuvo militancia sindical en ese rubro. En 1971 comenzó su noviazgo con Gisela Tenenbaum. La pareja militó inicialmente en el socialismo y más adelante se acercaron al peronismo revolucionario. Al momento de sus detenciones integraban la organización Montoneros.

Hasta comienzos de 1976, el joven vivía en Las Heras con su familia. Poco antes del golpe de Estado la pareja pasó a la clandestinidad. Según el testimonio de Heidi Tenenbaum —hermana de Gisela—, esto ocurrió el 10 de febrero de 1976, el mismo día del aniversario de sus padres. Gisela les pidió que no la llamaran por su nombre y que no le hablaran si la veían por la calle.

La fiscalía relevó tres causas judiciales que dan cuenta de cómo el D2 persiguió a todo su entorno militante de forma previa. Por un lado, la causa Pardini, iniciada tras un acto relámpago en la rotonda del avión en conmemoración del Mendozazo, el 4 de abril de 1975. Según el expediente, en un vehículo se secuestró numerosa documentación, incluido un papel con la dirección de Pichona Moyano y la libreta de enrolamiento de Luis Roque Moyano, integrante de Montoneros del departamento de San Martín que figuraba en condición de “prófugo”. Roque trabajaba en la imprenta del padre de Marta Saroff y era pareja de Ana María Moral, cuyo destino está estrechamente ligado al de su amiga Gisela. Todas estas personas se trasladaron a San Juan y compartieron allí militancia.

Un día después del acto relámpago, el 5 de abril de 1975, fueron a buscar a “Pichona” a su domicilio de Godoy Cruz. Dado que la mujer fue advertida y no estaba en la vivienda, la Policía secuestró a su padre, Francisco Moyano, lo que dio comienzo a otra causa judicial. Según la hipótesis del Ministerio Público Fiscal, el hombre fue detenido en calidad de rehén para presionar a su hija. También secuestraron a Liliana Riveros, que recuperó su libertad poco después pero fue nuevamente detenida en San Juan y desaparecida en Papagallos junto a Marta Saroff. En la puerta de la vivienda de Francisco Moyano estaba estacionado el auto de Pardini.

Por último, en la causa Rabanal, iniciada en febrero de 1976, Escamez figura como uno de los objetivos a detener, en ese momento “prófugo”. La familia declaró que después del golpe de Estado la Policía Federal allanó la vivienda, pero Alfredo no estaba. Más adelante el Ejército realizó otro allanamiento.

Huyendo del cerco represivo, en abril de 1976 él y Gisela alquilaron una casa en San Juan. Alfredo consiguió trabajo en una mueblería. La familia Tenenbaum viajaba a visitar a la pareja y a llevarle víveres: se encontraban en una estación de servicio para no conocer la dirección. Está comprobado que en esta nueva ubicación tuvieron vínculo con Ana María Moral, ya que las familias de las dos jóvenes hicieron viajes compartidos a la provincia vecina.

En agosto de 1976 las fuerzas represivas encontraron un campamento de Montoneros en la localidad de Pocitos. Además del asesinato de Roberto Gilbert, en los meses siguientes se sucedieron varias detenciones de militantes de esta organización —Marie Anne Erize, Marta Saroff, Alfredo Lerouc—, hechos que fueron analizados en los juicios por delitos de lesa humanidad de San Juan.

Alfredo fue secuestrado el 27 de octubre de 1976 al mediodía. Según le contó Gisela a su hermana Heidi, salió en bicicleta a una cita orgánica para consolar a un compañero cuya pareja había sido detenida. Como no regresó, Gisela avisó a Gladys Escamez, hermana de Alfredo, y abandonó la vivienda. Por la tarde llamó a Heidi: “Pelirroja, lo agarraron al Negro. Avisá”.  La joven se refugió en la casa de “Perla” y más tarde su familia la buscó y la condujo a Mendoza. La casa de San Juan fue allanada, hecho confirmado por vecinos y por el hijo del dueño, que hizo la denuncia por la rapiña sufrida.

Por su parte, Ana María Moral también regresó a Mendoza luego de la detención de Roque, que ocurrió en noviembre. Ella y Gisela vivieron con Juan José Galamba en Godoy Cruz hasta el operativo de abril, momento en que Ana fue asesinada y Gisela desaparecida.

Respecto a Alfredo, su familia pudo reconstruir que en noviembre estuvo en el D2. Este dato emerge en los diversos habeas corpus presentados a su favor. Así lo advertía el primero, interpuesto por su padre el 31 de diciembre de 1976 —más de dos meses después de la detención—. En abril de 1977 un segundo recurso fue rechazado y, si bien todas las fuerzas negaron tenerlo detenido, el D2 respondió que Alfredo contaba con un número de prontuario. Un tercer habeas corpus mencionaba que en enero de 1977 Alfredo había sido visto en la IV Brigada Aérea. En junio de 1979 se presentó el cuarto.  

En 1986 la familia explicó el origen de la información ante el Juzgado de Instrucción Militar (JIM). La fuente había sido Santiago Ulloa, policía vecino de la familia Tenenbaum y dueño del taxi que Alfredo manejaba. Según relató, él mismo lo vio en el D2 y en la IV Brigada. Pese a que el hombre había fallecido en 1977, el JIM citó a su esposa, Carmen Ortiz de Ulloa, quien corroboró la declaración.

También lo hizo un año más tarde, en 1987, ante la Cámara Federal de Apelaciones. En esa misma ocasión, el propio Pedro Dante Sánchez Camargo —jefe del D2— reconoció que Escamez, detenido en San Juan por el “campamento Montonero”, había estado en el D2. 

Para la fiscalía, todo lo expuesto explica las razones por las cuales Alfredo llegó al D2 pese a haber sido detenido en San Juan: esta dependencia había comenzado la persecución contra él, detuvo y desapareció a integrantes de su organización y forzó a quienes sobrevivieron a desplazarse a la provincia vecina. Una vez secuestradas, víctimas como Marta Sarrof, Liliana Riveros y Alfredo Escamez fueron alojadas en centros clandestinos de la Policía de Mendoza. La apropiación de Miriam —hija de Pichona Moyano y Carlos Poblete nacida en la ESMA— por un agente del D2, la reciente identificación del cuerpo de Carlos Poblete —visto en La Perla, Córdoba— en el cuadro 33 del Cementerio de Capital demuestran que “el D2 se ocupó de que Mendoza continuara siendo para muchas víctimas el vértice de la represión”, concluyó Rodríguez Infante.

Caso 61: Laura Elena Marchevsky

Laura Elena Marchevsky declaró en instrucción, en el año 2012. Su caso fue reconstruido a partir de ese testimonio, así como de declaraciones de sobrevivientes del D2 que compartieron cautiverio con ella.

Laura nació en 1948 en Mendoza. Al momento de su detención tenía 28 años y vivía en la calle San Lorenzo de Ciudad. Estaba en pareja con Luis Quesada y había egresado de forma reciente de la carrera de Psicóloga.

Fue detenida entre el 2 y el 3 de noviembre de 1976 en su domicilio. Un hombre de civil que se identificó como efectivo de la Policía la obligó a salir del departamento e impidió que diera aviso a su madre porque estaba “incomunicada”. Laura era consciente del peligro ya que “había muchos jóvenes ejecutados o desaparecidos”. Antes de subir al auto, llegó a pedirle al portero del edificio que se comunicara con su familia. En el vehículo sin patente había otro hombre. 

Al llegar al D2 estuvo inicialmente en una especie de depósito donde había mercadería y cosas secuestradas. Unas horas más tarde ingresó un grupo grande de hombres a interrogarla. La condujeron después a un calabozo. Allí escuchó la voz de una mujer que la tranquilizaba: supo luego que era Rosa Gómez. También oyó a Luis Pisardi, amigo de su novio. Al día siguiente ingresaron Víctor Cuello y Miguel Poinsteau, compañeros y amigos suyos de la facultad, y pudo comunicarse con ellos desde la celda. 

En los interrogatorios bajo tortura le preguntaban por ellos y por Daniel Olivencia, referente estudiantil y amigo de la facultad que había sido ejectuado. No le conocía militancia política a Miguel Poinsteau. También preguntaban por una chica “Mecha” a la que Laura había alojado –junto a su pequeña hija– a pedido de Cuello. La fiscal Analía Quintar explicó que se trataba de Elsa Sedrán de Carullo, esposa de un dirigente de Montoneros. 

Marchevsky estuvo 27 días secuestrada en el D2, hasta el 29 de noviembre de 1976, en pésimas condiciones. Dormía en un colchón en el piso, tomaba agua en un jarro sucio y comía con la mano un “mondongo blanco”. Bajó más de 10 kilos. Estaba en muy mal estado de salud porque era asmática, tomaba barbitúricos y usaba lentes, pero había llegado al D2 sin medicación ni lentes. Aunque su madre le llevó un paquete con lo necesario, el D2 negó que estuviera ahí.  

Luego del D2 pasó a la penitenciaría, desde donde recuperó la libertad el 27 de abril de 1977. No se ha conservado su prontuario penitenciario. Antes de liberarla, la condujeron al Comando de la VIII Brigada de Infantería de Montaña, donde Paulino Furió la retó “como si fuera un padre”, y le recomendó “portarse bien”. También la felicitó porque su madre había ido constantemente a preguntar por ella. 

Laura describió esta etapa posterior a la prisión de forma contundente: “Ya no era dueña de mi vida. Nadie quería juntarse conmigo. No podía ejercer la profesión. Me encerré en mi casa por el miedo a que volvieran a secuestrarme. Quería irme del país pero tenía miedo de ir a la Policía a pedir la documentación”. 

La próxima audiencia será el 29 de octubre a las 9:30. 

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El Colectivo Juicios Mendoza se conformó en 2010 por iniciativa de los Organismos de Derechos Humanos para la cobertura del primer juicio por delitos de lesa humanidad de la Ciudad de Mendoza. Desde ese momento, se dedicó ininterrumpidamente al seguimiento, registro y difusión de los sucesivos procesos judiciales por crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado.