AUDIENCIA 35 / EL MIEDO A SER LIBERADOS

25-08-14 | Dos exdetenidos en el Liceo Militar (Julio Quiroga y Alberto Atienza) coincidieron en expresar el temor que sintieron cuando fueron liberados porque tenían conocimiento de lo que sucedió con algunos de los que recuperaron la libertad, como el caso de Santiago Illa, desaparecido tras salir de la penitenciaría provincial. También dio su testimonio el maestro Marcos Garcetti quien fue parte de los que estuvieron detenidos en el Liceo Militar.

 

Dudas por informe forense

En el inicio de la audiencia fue leído el informe del perito médico forense enviado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre el estado de salud de tres de los imputados. El documento, firmado por Florencio Casavilla detalla cómo se encuentran los ex policías Pablo Gutiérrez y Francisco Alberto López –quien estuvo prófugo hasta hace 10 días- y el ex juez Otilio Romano. Los tres padecen distintas enfermedades que necesitan diferentes tratamientos. Lo preocupante del informe es que concluye que en el Penal San Felipe –donde están alojados- no se cuenta con infraestructura, recursos ni especialistas para que el acompañamiento médico sea el adecuado.

En representación del MEDH, Carlos Varela, pidió que sean citados el perito Casavilla y el director del Servicio Penitenciario, Eduardo Orellana, para que puedan ser interrogados sobre esta situación. El TOF accedió pero no los convocarán como testigos a una audiencia sino que se hará por secretaría con la participación de las partes interesadas.

El Liceo, “depósito de presos”

Ingresa a la sala Julio Santiago Quiroga

Julio Santiago Quiroga fue detenido el mismo día del Golpe de Estado, el 24 de marzo de 1976. Personal de la Fuerza Aérea lo aprehendió en su propio domicilio de Lavalle. Lo llevaron a la comisaría 17 de ese departamento y luego a un lugar que no logró identificar-podría ser Las Lajas- en el que sufrió golpes y un simulacro de fusilamiento. Finalmente lo trasladaron al Liceo Militar en el que permaneció hasta el 31 de mayo de ese año cuando fue liberado.
Quiroga recordó entre sus compañeros de encierro a Antonio Di Benedetto, Pedro Tránsito Lucero, Arturo Garcetti, Juan Martínez Baca, Carlos Abihaggle, Enrique Durán, Rafael Morán, Carlos Venier  e Itamar Castro. Pero aparte mencionó a Elio Berdejo y Néstor Centurión a quienes vio torturados y en muy mal estado. Describió a los calabozos del Liceo como “duchas transformadas en celdas”.
También refirió Quiroga que quienes estaban presos en el Liceo estaban preocupados por Santiago Illa, desaparecido, a quien varios lo vieron salir de ese centro de detención. Relacionado con esto relató que  “teníamos miedo de salir. Por eso cuando me soltaron yo me fui caminando por calles en contramano y en zigzag. Si llegaba a ver un auto que se me acercara, inmediatamente me metía en la primera casa que encontrara”.
Como otros testigos coincidió en que González Biesca era el jefe del Liceo y nombró al suboficial Quiroga como quien comandó el operativo de su detención.
El testigo señaló además que sus padecimientos no sólo fueron cuando estuvo preso. “Quedé estigmatizado. En el colegio donde daba clases me aplicaron la figura de abandono de servicio. No conseguía trabajo y temía ir a la Universidad para rendir las cuatro materias que me quedaban para recibirme de contador”, dijo y después mencionó al profesor Mauricio López –desaparecido- como quien lo ayudó económicamente y con trabajo.
Finalmente aseguró que nunca fue informado si tenía una causa judicial como tampoco recibió asistencia o visitas de un juez o un fiscal.

Escuchá la declaración de Julio Santiago Quiroga

“El desquite” de Romano

La declaración de Alberto Víctor Atienza
La declaración de Alberto Víctor Atienza

El periodista Alberto Víctor Atienza también fue detenido el 24 de marzo de 1976 en un operativo del Ejército. Se desempeñaba como jefe de Policiales en el Diario El Andino, vespertino propiedad del Diario Los Andes. Lo llevaron al Liceo Militar donde permaneció unos 15 días, aunque dijo que podrían haber sido más.
En el Liceo fue interrogado dos veces, encapuchado y con las manos atadas. Le sorprendió que le preguntaran  si era verdad que había amenazado a Otilio Romano por un hecho ocurrido unos 6 años antes. Sobre esto narró: “Es verdad, yo una vez lo amenacé. Fue porque él trabajaba con quien entonces era mi esposa. Un día me vio en un bar con una mujer y fue y le contó a mi señora. Ella me lo transmitió y yo le dije: ‘decile a a ese hijo de mil puta que lo voy a hacer cagar por alcahuete’. Evidentemente Romano se lo tuvo bien guardado y cuando caí preso quedó demostrado porque casi todas las preguntas que me hacían se referían a aquella amenaza”.
Al ser liberado Atienza le pidió al responsable del Liceo, González Biesca, un certificado. “Estábamos atemorizados, sabíamos que afuera mataban a muchos y yo me acordaba de lo que le había pasado a Aldo Casadidío, de prensa del Gobierno, a quien asesinaron en la calle”, contó.
Otro aspecto destacado del testimonio de Atienza fue el relacionado con las persecuciones en los medios, en donde había listas negras y señaló como “funcionales a los servicios, a Rubén Bragadín, Enrique Coll y Lot De Paula Santos, quien lamentablemente falleció sin la condena que merecía”. También supo que Domínguez Palazzini y Alfredo Del Giusti eran mencionados como entregadores.
Cerró su declaración diciendo que “era público y notorio que Romano tenía un poder superior, que excedió su cargo y que era un servidor absoluto de los militares”.

De demorados a presos

Listo para ingresar a declarar, Arturo Marcos Garcetti

El último testimonio de la jornada de ayer fue el de Arturo Marcos Garcetti, quien se desempeñaba al momento de su detención como Secretario General del SUTE. En la madrugada del 24 de marzo de 1976 el entonces gremialista de los maestros fue secuestrado por un grupo de tareas cuyos integrantes estaban vestidos de civil y fuertemente armados para reducirlo, maniatarlo, vendarlo y trasladarlo en un camión del Ejercito a los barracones del Liceo Militar “General Espejo”, previo paso por la Delegación Mendoza de la Policía Federal ubicada en calle Perú, donde estuvo alojado hasta las 8 de la mañana aproximadamente.
Cabe recordar que Garcetti declaró ya en febrero de 2011 y que dicho testimonio ya fue presentado como prueba por el Ministerio Fiscal ante el Tribunal del presente juicio. Debido a esta situación, las preguntas elaboradas ayer por el Fiscal General Dante Vega apuntaron solamente al tramo de la experiencia que corresponde a lo que ocurrió con el testigo en el Liceo Militar, en el marco de la causa 155-F que investiga precisamente lo acontecido en esa dependencia a partir de 1976.
Al ser consultado entonces acerca de los criterios de detención utilizados por las fuerzas represivas para llevar detenidos a ese Centro Clandestino de Detención, Garcetti dijo que para él se trató de una “zaranda gruesa para luego llegar a conclusiones más importantes”, ironía que apunta al carácter heterogéneo de los detenidos, puesto que –dijo el testigo- “habían allí funcionarios de gobierno, dirigentes políticos, chacareros, gremialistas, periodistas, etc.”. Luego afirmó que después de un primer día laxo, de trato correcto “dejamos de ser demorados para pasar a ser presos”.
Según el testigo, fue sometido a un interrogatorio realizado por “alguien preparado”, que tenía información sobre él vinculada a su actividad gremial y al paro de docentes. Además, dijo haber conocido casos de prisioneros que llegaban muy afectados de los interrogatorios. También, al igual que otros testigos de esta causa, reconoció al Capitán González Biesca como el encargado de la cuadra (barracón) donde estaban alojados los detenidos que llegaban al Liceo Militar. Finalmente relató que fue conducido al 8vo Batallón de Comunicaciones ubicado “al lado del Liceo, un poco más adelante del Hospital Militar”.

Escuchá el testimonio de Marcos Garcetti

La audiencia de este martes se iniciará con el testimonio del abogado Carlos Venier

 

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El Colectivo Juicios Mendoza se conformó en 2010 por iniciativa de los Organismos de Derechos Humanos para la cobertura del primer juicio por delitos de lesa humanidad de la Ciudad de Mendoza. Desde ese momento, se dedicó ininterrumpidamente al seguimiento, registro y difusión de los sucesivos procesos judiciales por crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado.