AUDIENCIA 44 / DEMASIADO MISERABLES

30-09-14 | En la fecha declararon dos testigos víctimas: Juan Carlos González y Héctor Enrique García quienes aportaron hechos sucedidos en el D2. También se escuchó a Alicia Morales, querellante por su propia detención y la de sus hija e hijo, en el mismo lugar. Finalmente declaró Eduardo Becerra para rendir homenaje a las y los ocho alumnos caídos de la Escuela de Comunicación Colectiva.

En el mes de junio y julio de 1976 se produjeron una secuencia de secuestros de personas relacionadas a la Juventud Peronista -JP- y Montoneros, varias pertenecían al activismo sindical o político. Otras, apenas cercanas a la militancia, no fueron exceptuadas de los vejámenes en el Departamento de Investigaciones 2 –D2- de la Policía de Mendoza.

Juan Carlos González
Juan Carlos González

En honor a la amistad

Juan Carlos González fue detenido en su domicilio de Dorrego, el 16 de junio de 1976, para ser torturado y alojado en el D2 hasta octubre del mismo año. De allí rodó por distintos centros de detención: la Comisaría 6ta de ciudad, la Penitenciaría Provincial, el penal de Sierra Chica, la Unidad 9 de La Plata y la cárcel de Devoto, de donde salió en libertad en 1983.
El testigo ya había prestado declaración en un anterior juicio oral y reiteró que no tenía pertenencia política a ninguna organización; simplemente había sido compañero de trabajo en una empresa de ómnibus y sostenía una amistad con Aníbal Torres, quien para esa fecha era perseguido por su militancia. En la vivienda del testigo, Torres dejó su moto antes de desaparecer.
Indagado por los ataques sexuales en el D2, confirmó frecuentes violaciones a las mujeres, particularmente a Rosa Gómez. También, dijo haber firmado dos declaraciones, con los ojos vendados, en la Seccional 6ta. Aclaró que recaló en ese lugar en condición de rehén, con motivo del encuentro de Videla y Pinochet, en el mes de octubre del ’76. Con un par de anécdotas insólitas se supo que en la 6ta., los policías tenían un trato familiar para con él.
González fue sometido a Consejo de Guerra y condenado a 8 años de prisión por “tenencia de armas, explosivos y afines”. Eligió designar como defensor oficial al Tte. de la Fuerza Aérea Carlos Gómez quien le comunicó, antes del juicio, que ya estaba condenado.
Finalmente, dijo que el Juzgado Federal declinó su caso para facilitar el inicio del simulacro “armado” por el Tribunal Militar, en el que se exhibían armas obsoletas como prueba que, mentirosamente, atribuían a los detenidos en la causa que compartía con David Blanco, Ubertone, Córdoba y otros bancarios.

Escuchá la declaración de Juan Carlos González

 

Escena reveladora en el D2

Héctor Enrique García

Héctor Enrique García, integrante del grupo de sindicalistas detenidos en junio del ’76, fue arrebatado de su domicilio el 7 de ese mes. Llegó al D2 para ser sometido a las habituales torturas que, en su caso, le produjeron un tumor en el brazo. A ello sumó la referencia a un ataque contra su integridad sexual y, en este orden, confirmó las violaciones constantes contra una detenida.
El declarante fue trasladado a la Seccional 6ta. junto a González, por el mismo motivo y en condición de rehén. De allí pasó a la Penitenciaría en enero del ’77. Sometido a Consejo Guerra, fue condenado a 4 años de prisión y trasladado a otros penales lejanos hasta que quedó en libertad el 17 de diciembre de 1980.
El aspecto más significativo de la declaración de García fue que, desde su celda, avistó a Ricardo Sánchez Coronel y a Jorge Vargas Álvarez en dependencias del D2. Precisamente, esta Megacausa está abocada a dilucidar lo sucedido con el último, en tanto que la desaparición/homicidio de Sánchez ya fue tratada en el anterior juicio.
Nacido al calor de las luchas por el Socialismo y contra la dictadura de Onganía/Lanusse, el sanjuanino Jorge Vargas Álvarez, al momento de caer en Mendoza ostentaba una larga trayectoria militante y pertenecía a la conducción de FAR-Montoneros. Fue arrestado el mismo día que su esposa, María Luisa Sánchez Sarmiento y sus dos pequeñas hijas; el grupo fue a dar al D2.
Héctor García, en aquel momento, se encontraba en el recinto asignado a la familia y dijo haber cruzado palabras con María Luisa y con Jorge. Al respecto, el Juez González Macías apeló a una declaración ofrecida años atrás donde García detalla el encuentro con pormenores. En ella consta que Vargas afirmó estar herido y fue torturado en presencia de su hija de 5 años. También declaró que por la mirilla pudo ver frente a su puerta a Sánchez Coronel, a quien conocía del Banco, mientras traían a Vargas; por instantes, ambos quedaron al alcance de su mirada hasta que se los llevaron no sabe hacía adónde. Para esclarecer la escena, el Tribunal ofreció al testigo un croquis del D2 con la finalidad de brindar las precisiones del caso.
Por otro lado, García contó que en cierta oportunidad, un hombre de saco y corbata, que el personal del D2 dijo era el Juez, los visitó celda por celda.
A pesar de que su familia solicitó el patrocinio de Pedro Baglini para que lo defendiera, el testigo García nunca llegó a hablar con él. En cambio, lo llevaron dos veces al Juzgado Federal, pero no supo con qué finalidad.
García acompañará una inspección ocular al D2 que se realizará el lunes 6 de octubre para recrear lo dicho durante la audiencia.

Escuchá la declaración de Héctor García

 

Para la indignación

Alicia Beatriz Morales de Galamba

Alicia Beatriz Morales de Galamba, junto con su esposo, Juan José Galamba, su hija de año y medio y su bebé de dos meses, compartían vivienda con María Luisa Sánchez, su esposo Jorge Vargas y las dos hijas de la pareja, de un año y medio y cinco años respectivamente. La noche del 12 de junio de 1976 irrumpió una patota en el lugar, secuestraron a las mujeres con sus respectivas hijas e hijo y fueron depositadas en una oficina del Palacio Policial. Alicia relató que la hija mayor de María Luisa Sánchez, esa misma noche, fue utilizada por personal del D2 para “marcar” gente. La propia nena comentó que la llevaron a la Terminal a “buscar tíos”.
Además, por un relato posterior, supo que María Luisa había visto a su esposo Jorge Vargas en la dependencia policial. Él había sido detenido en la calle el mismo día del operativo y estaba herido en una mano, en la cabeza y le faltaban los dientes.
El día 13 de junio por la noche las mujeres fueron separadas de las niñas y, posteriormente, alojadas en el área restringida del D2 Durante este traslado, Alicia, vendada y maniatada, tropezó con algo que le pareció que era un cadáver. Con el tiempo, recordando ese momento, pensó que se podría tratar de Ricardo Sánchez Coronel, pero no lo pudo afirmar.
La testigo agregó que del D2 pasó a la Penitenciaría y el 19 de noviembre fue sometida a Consejo de Guerra junto con sus compañeros. La condenaron a cuatro años de prisión y la trasladaron a la cárcel de Devoto en Buenos Aires. Curiosamente, días después, fue puesta en libertad y regresó a San Rafael para reunirse con su hija e hijo. El 2 de diciembre fue nuevamente detenida. Esta extraña circunstancia le hizo sospechar que fue utilizada como señuelo: esperaban que Juan José Galamba, su marido (quien se encontraba prófugo) se apersonara en su casa paterna el día de su cumpleaños, 29 de Noviembre, ya que fue liberada dos días antes y recapturada dos días después de esa fecha.
El padre de Alicia hizo numerosos trámites para dar con su paradero, incluso llegó a entrevistarse con Otilio Romano, quien le respondió: “no joda más Morales, no la busque más”. El hombre también reclamó por el robo de numerosos bienes sustraídos en los procedimientos. Aunque el juez hizo lugar al pedido, el entonces Fiscal Romano se opuso alegando: “esta no es una oficina de objetos perdidos”.
En mayo de 1977 y antes de ser trasladada nuevamente a Devoto, tuvo que declarar frente a la justicia federal por una causa abierta en Mendoza. Finalmente, dicho tribunal la sobreseyó en junio de 1980, luego de cumplidos cuatro años de detención que coinciden con la condena del consejo de guerra.
El defensor del exjuez Romano, Ariel Civit, preguntó a la testigo sobre la fecha en que fueron entregados los niños a sus abuelos, a lo que Alicia contestó que fue el 13 de Junio del 76.
Al finalizar la declaración, fiel a su estilo, Civit, acusó a Alicia Morales por falso testimonio argumentando que no podía ser que su cliente le dijera al padre que no la buscara más, cuando ya le habían dado los niños en el D2, al día siguiente de su secuestro. La torpeza del abogado le hace presuponer que al entregarle los niños también admitieron que Morales se encontraba secuestrada en el D2. Sin demasiado esfuerzo es posible conjeturar que negaron la presencia de la detenida, como lo hacían sistemáticamente con todas las personas alojadas en ese infierno. No se requiere demasiada perspicacia para advertir que esa denuncia no va a prosperar.
El Tribunal, después de consultarse entre los miembros, decidió diferir el tema hasta los alegatos. El Juez González Macías recomendó que la fiscalía proceda en caso de pertinencia.

Por sus compañeros y compañeras

Eduardo Becerra
Eduardo Becerra

Eduardo Becerra, licenciado en comunicación social, hizo eje sobre sus compañeros de estudio y militancia de la Escuela Superior de Comunicación Colectiva, de los cuales –como ya se ha ventilado en el presente juicio- siete resultaron desaparecidos, uno fue asesinado y varios detenidos durante la breve existencia de la Escuela.
Se trató de un testigo que se presentó espontáneamente por un compromiso moral con sus excompañeros/as que hoy ya no están. De modo que se pudo ofrecer una nueva mirada dispuesta a traer al presente la evocación viva de militantes como Billy Lee Hunt, Edesio Villegas, Raquel Moretti, Aldo Casadidio, Virginia Adela Suárez, Raúl Reta y Daniel Moyano, actualmente desaparecidas/os, así como sobre Amadeo Sánchez Andía, asesinado a mediados de 1975.
Si bien Becerra comentó el contexto general que se vivía en aquella época en la Escuela, quiso detenerse en el caso de Amadeo y brindó detalles respecto a su historia. Contó acerca de la tremenda preocupación que sentían todos las y los estudiantes por la integridad del compañero, que luego de sufrir un accidente en un ómnibus, quedó internado en el hospital de San Martín y allí fue apresado por la policía. “Se estableció, en una asamblea, un sistema de guardia y apoyo a Sánchez Andía” comentó, hasta que se supo de su muerte.
Las notas apasionadas de su relato llegaron sobre el final del testimonio, cuando perdió los estribos, cambió el tono, miró a los represores y les dijo: “Digan dónde están los cuerpos, háganlo en forma anónima, si es que temen las consecuencias […] no sabemos dónde puta están los huesos de nuestros compañeros… ¡eso me produce bronca!” Y cerró pidiendo disculpas al Tribunal por el exabrupto.

La próxima audiencia será el martes 14 de octubre a las 9.30 hs.

 

Ver fotos AUDIENCIAS 44

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El Colectivo Juicios Mendoza se conformó en 2010 por iniciativa de los Organismos de Derechos Humanos para la cobertura del primer juicio por delitos de lesa humanidad de la Ciudad de Mendoza. Desde ese momento, se dedicó ininterrumpidamente al seguimiento, registro y difusión de los sucesivos procesos judiciales por crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado.