20-10-14 | La participación de los policías Juan Agustín Oyarzábal y Armando Guevara en operativos ilegales de detenciones y secuestros fue puesta en evidencia por el relato de tres testigos de Rivadavia. Otro de los imputados mencionados en esta audiencia fue el exjuez Otilio Romano como responsable de haberle dicho al padre de Alicia Morales que no busque más a su hija.

En el nombre del hijo
Con convicción y entereza se presentó a declarar Hortensia Ramos, de 85 años, cuyo testimonio y conceptos fueron muy valiosos y reveladores. Esta mujer es la madre de Mario Roberto Díaz, exdetenido político fallecido hace tres meses al no poder recuperarse de un tumor en la columna, producido por las torturas que sufrió durante su cautiverio.
Hortensia contó que su hijo fue detenido el 16 de setiembre de 1976 cuando lo fueron a buscar a su casa de Rivadavia. “Los policías me dijeron que lo llevaban para preguntarle algo y después me lo devolvían, cosa que fue mentira”, recordó Ramos.
Díaz estuvo dos días en la comisaría de Rivadavia y luego lo trasladaron al D2. En la dependencia policial del departamento del Este, el entonces subcomisario Guevara, le dijo a la madre que “su hijo no está más aquí. Le dimos la libertad y se fue diciendo que no quería saber más nada con su familia”. Por supuesto que Hortensia no creyó en esa versión y de inmediato ella y su esposo iniciaron una búsqueda y seguimiento que nunca abandonaron.
En el D2 Mario Díaz fue torturado con picana y golpes que él nunca quiso contar a su familia pero sus padres lo supieron por sus compañeros de detención. Recién en los últimos tiempos, cuando ya su problema en la columna era indisimulable, Mario le dijo a su mamá que no sabía cómo podía haber resistido a la tortura.
Al momento de ser secuestrado, Díaz era secretario de la Juventud Peronista en Rivadavia. Su progenitora lo describió como un muchacho alegre, noble y muy querido, y al que le gustaba cantar. Estudió Fisioterapia, en Córdoba, lo que le permitió practicarles curaciones a sus compañeros torturados. Tenía, de nacimiento, una discapacidad en un brazo, al que lo tenía inmóvil. Estuvo privado de la libertad hasta el 15 de marzo de 1984, lapso en el que pasó por los penales de La Plata, Sierra Chica, Caseros, Devoto y Rawson.
En una oportunidad Hortensia se entrevistó con el comisario Oyarzábal, que era vecino, y le preguntó porqué tenían que torturar a los detenidos, con qué necesidad y el policía –que hoy tiene dos condenas a prisión perpetua y está con detención domiciliaria- le respondió: “¿Si no los torturamos, cómo podemos saber lo que queremos?”
En otra ocasión, habló con el militar Paulino Furió –jefe de Inteligencia del Ejército, también condenado a prisión perpetua- a quien le pidió que le dijera qué fue lo tan grave que hizo su hijo. La respuesta del represor fue: “A nosotros no nos interesan los que ponen bombas ni andan armados, nos interesan los que piensan”.
Otras gestiones realizados por el matrimonio Ramos-Díaz incluyeron cartas a Mario Lépori y Leopoldo Galtieri y un Habeas Corpus que presentó el abogado Aguinaga –no identificó el nombre- sin respuesta. El Consejo de Guerra condenó a Díaz a 10 años de prisión “por tenencia de armas de guerra” cuando él sólo tenía un revólver que le había armado su abuelo.
En el final de su testimonio, Hortensia Ramos conmovió a la audiencia al expresar que “he venido por mi hijo, él ya no está, se lo debía”.
Escuchá el testimonio de Hortensia Ramos
El “consejo de Romano”

Graciela Edith Morales, hermana de Alicia que declaró hace una semana, dio testimonio de cómo se vivió en su familia la detención de Alicia, quien fue llevada al D2 junto con sus pequeños hijos.
Cuando se enteraron del secuestro, los Morales viajaron desde San Rafael hacia la Capital. En el domicilio de Alicia, al que encontraron muy dañado, había muchas personas. Graciela y sus padres fueron hasta el D2, acompañados por policías y personal de civil. Allí preguntaron insistentemente por los niños, hasta que finalmente, tras larga espera, se los entregaron. Graciela logró ver a su hermana a lo lejos, probablemente herida.
Después de ese episodio iban cada dos días al D2 pero les decían que allí no había ninguna Alicia Morales. En una de las oportunidades Graciela vio cuando traían dos camillas con cuerpos tapados. Ella pensó que esos cadáveres podían ser su hermana y su cuñado.
Entre las gestiones realizadas por su padre, hubo algunas hechas ante la Justicia. Graciela una vez encontró entre sus papeles una citación firmada por Guillermo Petra. Por eso ella creyó que con él se había entrevistado su padre. Sin embargo, años después, al ver una foto por internet, identificó a Otilio Romano como el que habló con su papá y le dijo: “Señor Morales, déjese de joder y no pregunte más por su hija porque acá los que mandan son los militares”.
Graciela Morales tenía 15 años cuando sucedieron estos hechos y también recordó la segunda detención de su hermana, producida en un supermercado de San Rafael.
Oyarzábal, el segundo del Comando Pío XII

Alfredo Luis Ghilardi, conocido militante peronista de Rivadavia y ex legislador, fue detenido el 22 de agosto de 1976, luego de que fuera allanada su casa. Lo llevaron al Octavo de Comunicaciones y allí se enteró de que lo acusaban de poseer bibliografía subversiva porque le encontraron el libro Montonereando que, en realidad, se refería a las Montoneras de la época del Chacho Peñaloza. A las 48 horas Ghilardi fue liberado. Sin embargo, volvió a caer preso el 13 de setiembre de 1977 y tras pasar por el D2 y la Penitenciaría, quedó libre el 24 de abril de 1978.
En el D2, el mismo día que lo llevaron, sintió los quejidos de una mujer. Ella misma se identificó como Olga Inés Roncelli de Saieg, desaparecida justamente desde el 13 de setiembre de 1977. Ghilardi la escuchó cuando ella dijo quién era y también sintió la progresión de sus quejidos que fueron cada vez más bajos hasta que no la escuchó más. Después oyó que abrían la celda que ella ocupaba y, probablemente, se la llevaban muerta.
Alfredo Ghilardi nunca supo los motivos de su detención y dio algunos detalles de la conducta del comisario Oyarzábal, vecino suyo, y segundo del Comando Moralizador Pío XII, formado por Julio Santuccione. De Oyarzábal recordó que en una oportunidad, ya en democracia, se jactaba de las personas que había matado e, incluso, dijo haber secuestrado y asesinado a un fotógrafo de Rivadavia, de apellido Bernal y a la secretaria de él.
El “poder” de la picana

Elbio Miguel Belardinelli fue detenido el 18 de agosto de 1976, por orden del subcomisario Guevara, de Rivadavia. Estuvo en el D2, la Comisaría Séptima de Godoy Cruz, la Penitenciaría y La Plata. Recuperó la libertad en diciembre de 1977. Fue congresal provincial peronista, movimiento en el que tuvo una activa militancia.
Ya con 82 años de edad, le cuesta recordar los hechos que lo involucraron pero sí ratificó el nombre de Oyarzábal como uno de los verdugos. Nunca tuvo causa judicial pero lo mortificaban porque había salido de garante para el alquiler de una propiedad de Emilio Aassales, hoy desaparecido.
Belardinelli fue torturado y aseguró que a cualquier persona que picanearan podían hacerle decir lo que quisieran incluso “haber matado a San Martín”. También, ante las preguntas del fiscal Dante Vega y de Pablo Salinas, del MEDH, admitió que en la seccional Séptima escuchó gritos y quejidos de personas que eran torturadas.
Este martes están previstos los testimonios de Jesús Manuel Riveros, José Luis Bustos y Gabriel Carrasco.



