03-11-14 | El paso del abogado sanjuanino José Vargas por el D2 fue ratificado por Antonio Savone, quien identificó claramente la voz del letrado, que a la fecha, continúa desaparecido. La audiencia se completó con dos testimonios vía teleconferencia, desde Buenos Aires, y en uno de ellos, Hugo Francisco Rosales, aseguró que el Arzobispo de Mendoza, monseñor Maresma tuvo en sus manos una lista de detenidos/desaparecidos que le acercaron autoridades militares.
Desde Canadá
Como lo hizo en uno de los juicios anteriores, prestó testimonio, Antonio Savone, quien reside en Canadá. Su esposa y sus hijos lo acompañaron en esta declaración. Copropietario de una pequeña empresa metalúrgica, Savone fue detenido el 14 de junio de 1976, al mediodía, y llevado directamente al D2.
Vendado y atado, pudo escuchar lamentos y quejas, como también golpes y entradas y salidas violentas. Identificó sin ninguna duda la voz del abogado sanjuanino José Vargas, a quien conocía por tener un amigo en común, el estudiante de periodismo Edesio Villegas, también desaparecido. De Vargas escuchó los quejidos cada vez más tenues, hasta que una noche, no lo oyó más. También sintió la presencia de niños que, supo después, eran los hijos de María Luisa Sánchez Sarmiento.
Como compañeros de cautiverio, en el D2 Savone recordó a Alberto Morales, Rosa Gómez, Sánchez Sarmiento, Leopoldo López, David Blanco, Roque Luna, Alberto Córdoba, Daniel Ubertone, Jorge García y Alicia Morales, entre otros.
“Todos los que pasamos por el D2 fuimos torturados, todos los días”, contó Antonio e hizo referencia a los ataques sexuales a las mujeres. Entre los torturadores mencionó a “Caballo Loco” y a “Mechón Blanco” (Bustos Medina).
Tras 112 días en las celdas del Palacio Policial, Antonio Savone fue llevado a la penitenciaría provincial, al pabellón de castigo, conocido como “Chancho”. Fueron 72 días en ese lugar hasta que lo llevaron a un pabellón común, aunque igualmente volvió dos veces al de castigo. Consideró áspero y duro el trato en el penal, con dos horas de recreo en todo el día, sin visitas y con golpizas cotidianas. De los carceleros dio los nombres de Linares, Bianchi, Barrios y Bonafede.
En los interrogatorios a Savone, que era peronista, lo acusaban de pertenecer a Montoneros, organización con la que no tuvo vínculos.
A mediados de 1977 le hicieron un Consejo de Guerra que se declaró incompetente, pero no pudo recuperar la libertad porque estaba a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. A fines de ese año intervino el Cónsul de Italia y logró que a Savone –nacido allí- le dieran la opción de ser expulsado del país. Fue así que lo subieron a un avión y viajó a Europa. En ese vuelo recién pudo reencontrarse con su familia.
El fiscal Dante Vega le hizo conocer una gestión hecha por su esposa, que presentó una Habeas Corpus el 22 de junio de 1976 -8 días después de su secuestro- rechazado, con costas, por el juez Guzzo. También su madre se movilizó durante todo el tiempo de su detención. Para ello viajó especialmente desde Estados Unidos, donde residía. Y ante una pregunta del abogado del MEDH, Pablo Salinas, Antonio reiteró que nunca estuvo ante un juez o autoridad judicial, sólo con un secretario.
Finalmente, Ariel Civit, abogado del penitenciario Oscar Bianchi, le preguntó si recordaba a su defendido y el testigo dijo que, aunque físicamente no podría describirlo, “era uno de los que más reprimían”.
Escuchá la declaración de Antonio Savone
El rol de la Iglesia
Hugo Francisco Rosales es hermano de Osvaldo Sabino Rosales, asesinado en 1977 y cuyos restos fueron hallados por el Equipo Argentino de Antropología Forense y entregados a sus familiares hace tres años.
Hugo Rosales también fue secuestrado. Ocurrió entre fines de abril y principios de mayo de 1976. Estuvo entre 5 y 6 días en el D2, donde sufrió torturas y lo liberaron. Identificó al coronel Gómez Saá como quien dirigía los interrogatorios y mencionó a alguien de apodo Sansón como uno de los torturadores y de quien dijo conocer a su sobrina, por lo que aportó los datos para que se investigue de quién se trata.
El mayor de los hermanos Rosales, cooperativista, era vigilado y como conocía al capellán militar, Rafael Rey, se refugió unos días en el Arzobispado. Allí presenció una reunión en la que el obispo, Olimpo Maresma, recibió al general Maradona, acompañado por otros militares y también civiles. Al arzobispo le mostraron una lista de nombres escritos en azul, rojo y negro y Hugo escuchó cuando Maresma decía: “Este sí, este no, este sí, este no”.
Hugo Rosales contó que en su paso por el D2 vio a personas de las que después no se supo nada y mencionó a un cafetero de apellido Vílchez, que trabajaba en el Frigorífico Vildoza y a una mujer joven, de 22 años, maestra jardinera, muy deteriorada por la tortura y las violaciones. Cree que se llamaba Coca Ponce.
Por último, pidió que se busque el acta de defunción de su hermano Osvaldo Sabino en la que figuraría que murió de un disparo en la nuca.
Persecución familiar
Pablo Guillermo González, hermano de Ricardo (desaparecido) fue detenido el 4 de abril de 1977. También sufrieron detenciones sus otros dos hermanos. A Pablo lo tuvieron 10 días en el D2 y luego fue trasladado al penal provincial para recuperar la libertad en agosto de ese mismo año.
Dijo el testigo que su hermano Ricardo nunca estuvo en la clandestinidad y recordó el episodio cuando llamaron a su madre para que identificara el cadáver de Ricardo y el cuerpo que vio fue el de Osvaldo Sabino Rosales, compañero de militancia de Ricardo González.
Tanto en el D2 como en la penitenciaría, el trato recibido por Pablo Guillermo González fue durísimo, con golpizas y requisas violentas.
Este martes está previsto que den su testimonio Alfredo Hervida, Matilde Duek, Manuel Benito Ponce, Saúl Hanono y el doctor Francisco Marotta, del Cuerpo Médico Forense.






