21-05-2014 | En la fría mañana del 21 de mayo, el Juez Raúl Fourcade, en representación del TOF N.º 1, realizó la Inspección del predio del Ejército que comparten la Base de Apoyo Logístico (Mendoza) y la Compañía de Comunicaciones 8, denunciado como Centro Clandestino de Detención y Tortura (CCDT).
La revisión ocular del Tribunal, acompañado por representantes de las partes intervinientes en la megacausa, fue guiada por Daniel Tagarelli, Oscar Guidone, Luis Toledo y Mario Gaitán, quienes permanecieron detenidos en este lugar en diferentes épocas. Los cuatro coincidieron en señalar que se erigían tres barracones donde ahora hay una improvisada playa de estacionamiento. Aún quedan como rastros, una base de cemento y los escalones que, recordaron, debían bajar para ser trasladados a la tortura. El espacio estaba rodeado por un alambrado y, de a tramos, se emplazaban ametralladoras que garantizaban la custodia, al mejor estilo de los campos de concentración.
El Juez Fourcade tomó juramento a los sobrevivientes y permitió que se explayaran. La medida procesal contó con la particular presencia del Comandante de la VIII Brigada de Montaña, Gral.de Brigada Marcelo Carlos Alberto Ocampo, máxima autoridad del Ejército en Mendoza quien escuchaba, atentamente, los relatos de los expresos.
Otra nota a destacar es que, según lo relatado por Daniel Tagarelli, detenido en noviembre de 1975, pasó por el D2 y días después fue alojado en el lugar junto al desaparecido Luis Moriña, antes del golpe de Estado del 24 de marzo; clara señal de la participación del Ejército en la represión ilegal aún en democracia.
La comitiva también recorrió un edificio por donde circularon algunos detenidos, hoy transformado en dormitorio de los soldados voluntarios, y finalmente se dirigió a una pequeña construcción, a los fondos del terreno, donde se instaló la sala de torturas en la central de radio, aislada del resto de las construcciones. Ésta también fue remodelada, un cielo raso de lona pintada, oculta los tirantes de donde colgaban a los presos para picanearlos.
Los testigos coincidieron en sindicar a Dardo Migno, ya condenado e imputado también en esta causa, como un personaje central en los apremios ilegales; además, señalaron a Peralta y Pagela con roles similares a los del entonces teniente del Ejército.
Las instalaciones hoy se muestran prolijas y apacibles, los interiores ataviados con planos y cuadros; como quien esconde la basura bajo la alfombra, nada, absolutamente nada, recuerda que en ese predio funcionó un centro clandestino de detención y tortura.




