07-08-2025 | Verónica Roatta declaró por primera vez en juicio. Se refirió al secuestro de su grupo en el 77, relató su detención ilegal a los 18 años en 1979 y su paso por el D2 junto a otras personas relacionadas con el Partido Comunista Marxista Leninista. La próxima audiencia será el viernes 22 de agosto a las 8:30.
El jueves 7 de agosto, a las 14:30, el juez dio inicio a la audiencia 50 del 13.° juicio por delitos de lesa humanidad en Mendoza. La testigo de la jornada fue María Verónica Roatta, quien había declarado en la etapa de instrucción, en 2013 y ahora contó por primera vez en juicio oral y público lo sufrido en el marco de la última dictadura. El testimonio fue guiado inicialmente por la fiscal Analía Quintar.

Durante la escuela secundaria, Verónica había formado parte de un grupo de resistencia estudiantil dentro del Frente de Resistencia Antifascista y Patriótico (FRAP) que, después se enteró, estaba vinculado al Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Recuerda que en diciembre de 1977 “cayeron” algunas personas del grupo. Entre quienes desaparecieron en diciembre de 1977, la testigo conocía a Gladis Castro, Walter Domínguez, Néstor Carzolio (Cuqui), Nélida Tissone, José Antonio Alcaraz, Antonia Adriana Campos, Elsa del Carmen Becerra y María Elena Farrando. El responsable del grupo estudiantil era “Pelé”.
“Debo reconocer que para esa época no tenía claro qué significaba desaparecer. Eso lo tuve más claro después”, manifestó. Lo que sí entendieron era que había que distanciarse para cuidarse de cualquier cosa que pudiera pasar. Le ofrecieron la oportunidad de irse de la provincia junto con otras personas del grupo, pero finalmente decidió rechazar la propuesta y quedarse con su papá.

El 22 de octubre de 1979, con 18 años recién cumplidos, se encontraba en la casa familiar con su tío, su tía y una amiga con quien preparaba el ingreso a la Facultad de Medicina. Dos hombres vestidos de civil se identificaron como policías de la provincia y se la llevaron detenida sin informarle los motivos. Uno de los hombres era bajo y de piel oscura; el otro, más alto, delgado y canoso. Roatta fue trasladada en un Peugeot 504 azul al Palacio Policial. A su tía le permitieron seguir el vehículo hasta el edificio, pero una vez allí le pidieron que se retirara.
En el D2, a Verónica le vendaron los ojos, subió unas escaleras y fue llevada a una oficina. Le preguntaron si conocía a Julio del Monte, Oscar Vera, Mabel D’Amico, Alfredo Irusta, jóvenes con quienes había compartido militancia dos años atrás. En un primer momento negó conocerlos y entonces la tomaron del pelo mientras le decían: “Si te hacés la viva así, te voy a dar los cachetones que tu papá nunca te dio o te tendría que haber dado”. Minutos después, para intimidarla, ingresaron a otra persona a la que también le preguntaron por los mismos nombres. Verónica reconoció su voz. “Ahí pensé: no estoy sola. Pero no sabía qué estaba pasando”, declaró.

Luego del interrogatorio fue trasladada a una celda oscura, de donde solo salían para las visitas y para comer en el pasillo. Allí comenzó a escuchar las voces de ese grupo de compañeros y compañeras, quienes le contaron que sus nombres figuraban en una lista entregada por una persona prisionera en el D2.
Dos días después de su detención le permitieron ver a su madre en una oficina. La testigo contó que la vio muy alterada, sentada junto a un hombre que intentaba calmarla mientras le daba “lecciones de cómo criar a un hijo”. También mencionó que, luego de unos días, comenzaron a permitirles visitas en una sala más amplia.
Había un guardia al que apodaban “el Capitán”: delgado, de cabello castaño claro, vestido con camisa y jeans, muy “canchero”. Solía hablarles cuando comían. Entre otras cosas, les dijo: “Si ustedes hubieran sido montoneros o del PRT hubiera sido muy distinto”, “son unos perejiles, los usaron”. Otro les advirtió: “Espero que no digan que los torturamos”. A Verónica le dio la impresión de que les preocupaba el tema, porque para esa altura de la dictadura estaban en Argentina la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Cruz Roja, que hacían entrevistas a las personas detenidas en penitenciarías.

Sin embargo, Julio del Monte, Alfredo Irusta y Oscar Vera les contaron que fueron golpeados durante la detención y los interrogatorios. Verónica no fue llevada al lugar donde realizaban las torturas. Del mes que estuvo detenida en el D2, la testigo también recuerda la presencia de Laura Carrión y Carlos Vera, pareja que estaba con un bebé. También un hombre que decía ser militante del Partido Comunista y una joven que pasó solo una noche. Estaba perdida, decía incoherencias y fue liberada al día siguiente.
El guardia les dijo que en las épocas “más duras” había más de dos personas encerradas en esos calabozos de dimensiones mínimas. Días antes del traslado, les permitieron salir al patio. Recuerda que le resultó impactante el contraste entre la oscuridad de la celda, donde podían percibir la grasa de los cuerpos en las paredes, y el aire libre.
Al mes de su detención fue trasladada a la Penitenciaría de Mendoza. En diciembre de 1979 conoció allí a una mujer que había sido víctima de un particular ensañamiento en el D2 por haber sido militante de Montoneros y agente penitenciaria. “Nelly”, cree que se llamaba. Entre otros nombres, el fiscal Rodríguez Infante le preguntó si recordaba a Nélida Virginia Correa y la testigo inmediatamente la relacionó con ella. También mencionó a Liliana Bermúdez. En el Comando del Ejército fue sometida —junto a otras personas militantes— a un Consejo de Guerra que se declaró incompetente. Posteriormente pasaron la causa a la Justicia Federal y en abril de 1980 les otorgaron la libertad bajo fianza.

Al salir en libertad fue visitada por oficiales en su casa para controlar que “todo estuviera bien”. Intentó ingresar nuevamente a la facultad, pero no pudo continuar ya que no le otorgaban el certificado de buena conducta. Debió estudiar una carrera auxiliar de Medicina en Córdoba, donde no pedían los antecedentes penales. Finalmente, el grupo fue declarado inocente por falta de mérito. Ante la pregunta de uno de los abogados querellantes, aclaró que en ningún momento le comunicaron formalmente el motivo de su detención.
La próxima audiencia será el 22 de agosto a las 8:30.



