Roccato dice sus últimas palabras antes de la sentencia.

AUDIENCIA 116 / UN DIOS Y DOS DEMONIOS: LAS ÚLTIMAS PALABRAS DE LOS IMPUTADOS

19-05-2023 | Cinco imputados dieron sus palabras finales antes de la sentencia del 2 de junio. Entre las intervenciones de Álvarez, Fernández, Roccato, Moroy y Calderón hubo agradecimientos al defensor oficial, declaraciones de inocencia, referencias a dios y a la teoría de los dos demonios. 

En la jornada se escucharon las últimas palabras de cinco imputados: Álvarez, Fernández, Roccato, Moroy y Calderón. Los relatos fueron similares a los de la audiencia anterior, cada uno con su particularidad.

Ramón Dagoberto Álvarez

Ramón Dagoberto Álvarez optó por introducir su intervención con un recorrido por su carrera: en el 70 ingresó al Cuerpo de Caballería como cabo; en mayo del 75, a la Comisaría Séptima como oficial de guardia; en 1978, al Cuerpo de Infantería de la Policía de Mendoza. Aseguró no haber cometido los delitos por los que se lo acusa y también rechazó los “supuestos hechos sucedidos en esa época” que han “sido utilizados como verdad total”, a pesar de que consideró que los testimonios eran contradictorios y habían ido cambiando progresivamente. Particularmente puso en duda los dichos de Pablo Seydell sobre Rubén Bravo, a quien vio en la Comisaría 7 antes de ser desaparecido.

“El Ejército era el encargado de administrar las operaciones militares para desmantelar las maniobras subversivas que había en esa época, donde se vivían momentos de caos y terror dado que nuestra familia corría riesgo de vida todo el tiempo”, dijo el expolicía. Y rechazó contundentemente la comparación de la dictadura argentina con la Alemania Nazi, sobre la que, asegura, hay “pruebas abrumadoras”. Solicitó una “condena justa”, acorde a las funciones que cumplía como “un simple policía” y también apeló al deterioro de su salud y a su buen comportamiento para ejecutar la pena. “Nunca fui un fugado”, concluyó.

José Esteban Roccato

Es pastor evangélico y toda su intervención giró en torno a ese aspecto que le posibilitó estar en distintos lugares del mundo. Abrió iglesias en España y en Los Ángeles (California). “Quiero expresar mi dolor porque soy descendiente de familia misionera cristiana evangélica, amo la vida y lamento que haya habido muertes entre hermanos, gente del mismo país, de ambos lados, tanto gente del Ejército, de las fuerzas militares, como gente del terrorismo”. 

Cuando en 2014 le llegó la notificación electrónica de su pedido de captura internacional decidió volver a Argentina: “Yo nunca cometí un delito y no puedo huir de la Justicia”, le dijo a su esposa, con quien regresó. Fue detenido en el aeropuerto, al arribar al país. Su “descendencia”, como le dijo al resto de su familia, quedó en Europa.

Contó que cumplió funciones en la Dirección Judicial de la División de Asuntos Judiciales. A través de notas, su trabajo era poner a las personas detenidas por la policía a disposición del juzgado. También se desempeñó como pastor en la Dirección de Informaciones Policiales: “Mi labor era llevar la mesa religiosa y atender todos los pedidos que hacía el Ministerio de relaciones exteriores y culto”. Se dedicaba a fiscalizar si una persona que quería abrir una iglesia cumplía con todos los requisitos, aseguró. Dijo que también le tocaba leer los diarios y resumirle información al gobernador, para que supiera qué decir por las mañanas cuando lo entrevistaban. Y cumplió funciones de guardia en la casa del gobernador interventor Sixto Fernández. A pesar de todo, añadió: “Siempre he sido administrativo”.

Aprovechó la oportunidad para leer pasajes de la biblia: “Si alguno conspirare contra ti lo hará sin mí”, “ningún arma forjada contra ti prosperará y condenarás toda lengua mentirosa que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los hijos de Jehová y su salvación viene de mi”, “Jehová derrotará a los enemigos que se levanten contra ti”. 

Lo mismo hizo en el penal, mientras permaneció allí detenido: recomendó la biblia a otros detenidos, recorrió veinte celdas, leyó oraciones. Incluso se jactó de haber convertido a Pablo José Gutiérrez, condenado también por delitos de lesa humanidad. Durante 21 años que compartieron como guardias del Banco de Previsión Social no había aceptado “a Jesucristo como el señor y salvador de su vida”. Pero un día le lavó los pies en la cárcel y Gutiérrez, agradecido, lloró y le admitió ser su correligionario. 

Antes de terminar mencionó el caso Verd-Palacio y se declaró inocente, aunque no se lo investiga por esos hechos. “Será justicia. Dios guarde a usía, guarde a todos ustedes. Mi deseo es que cada uno de ustedes sean bendecidos de parte de dios”, finalizó. 

Marcelo Rolando Moroy

“Jamás cometí un acto de violencia contra quienes alteraron el orden social, jamás me levanté contra un gobierno constitucional. Yo denuncié ante mis superiores al mal policía que cometió abusos contra las mujeres detenidas y lo denuncié con nombre y apellido. Sé que otros compañeros míos también hicieron lo mismo. Nunca integré una asociación ilícita”. Así comenzó Moroy sus últimas palabras. 

Aseguró que solo trasladó a Ramón Alberto Córdoba a las oficinas de Información, aunque nunca más volvió a verlo. Se despegó de la posibilidad de haber estado involucrado en la muerte o desaparición de un detenido y de cualquier otro ilícito. Puntualizó que las patotas ilegales se manejaban con nombres falsos y solo el director trataba con esos hombres. Además, remarcó que la fiscalía solo se dedicó a revisar su legajo porque no hay pruebas en su contra: no hizo curso de inteligencia, sino de droga, contra la delincuencia juvenil en Los Ángeles, de RCP y de Flora y fauna. 

“Dios es mi testigo por todo lo que vivo —dijo antes de terminar—. Solo me resta recordar a mis camaradas asesinados por Montoneros: Olmedo, Cuello, Hernández, Puebla y Fredes”. 

Fernández y Roccato

Armando Osvaldo Fernández intervino de manera acotada para manifestar que adhería a todo el planteo de la defensa oficial. Anacleto Edmundo Calderón limitó su intervención: “Yo quiero que se haga justicia porque yo he cumplido órdenes y no hice nada malo”.

El tribunal dictará sentencia la próxima audiencia, que será el 2 de junio 9:30.

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El Colectivo Juicios Mendoza se conformó en 2010 por iniciativa de los Organismos de Derechos Humanos para la cobertura del primer juicio por delitos de lesa humanidad de la Ciudad de Mendoza. Desde ese momento, se dedicó ininterrumpidamente al seguimiento, registro y difusión de los sucesivos procesos judiciales por crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado.